Lecciones del Sirácida, fuego y crisis energética
En estos días la liturgia de la palabra nos ofrece el libro del Eclesiástico, conocido también como el Sirácida, lleno de aforismos y de pensamientos prácticos en la vida normal del cristiano de hoy. Toda sabiduría proviene del Señor y está con él eternamente. ¿Quién puede contar las arenas de la playa, las gotas de lluvia o los días de los siglos? ¿Quién puede explorar la altura del cielo, la extensión de la tierra y la profundidad de los abismos?
Comentando a mi nivel digo, bueno esas preguntas no se las hace el varón cotidiano y ocupado de hoy, pero necesitamos un rato de solaz frente al mar, o frente al verdor de nuestras montañas, o ante la altura de algunos de nuestros cerros. El escritor sagrado por supuesto manejaba los datos de su época que no son hoy nuestros datos. Hoy recurrimos al National Geographic Magazine y leemos una cantidad fabulosa de números y de potencias de 10 para poder responder con una respuesta que se acerque a lo exacto. Pero, ¿qué ganamos con eso? El autor bíblico no estaba interesado en potencias de 10, sino en otras respuestas, en lo que obviamente decimos con espontaneidad lo que se nos ocurre. ¿Quién puede contar las arenas del mar? ¿Quién puede contar las gotas de lluvia? ¿Quién puede contar los cabellos?
En realidad son preguntas sin respuestas exactas. Por supuesto que los creyentes, con toda seguridad, respondemos que solo Dios y por ahí va la respuesta del escritor sagrado y su interés es llamarnos la atención dentro de las vicisitudes de la vida diaria, el hecho de que estamos rodeados de muchos interrogantes que no nos hacemos pero que siguen pendientes de encontrarle sus respuestas. Esto nos lleva a ver que muchas respuestas tienen que ver con el misterio. He oído a falsos científicos que esperan respuestas, hasta ridiculizan al resto de los que admiten que hay muchos interrogantes que no tienen respuesta y que lo que se impone es tratar de estudiar e investigar.
Con motivo de la crisis energética he comenzado a oír que la causa no fue necesariamente la escasez de agua.
Han surgido algunos que aducen, entendidos, otros factores que no vamos a estudiar aquí y así mismo con motivo de la crisis de la basura se aportan otras hipótesis fuera de que a diario se oye que se destinan millones de dólares para conseguir otros vehículos para poder recoger la basura, aún cuando viéndolo bien como que no tiene solución este problema, porque aunque es verdad que no la recogen, también es verdad que culturalmente como que no queremos pagar. Queremos vivir con unos paradigmas de un primer mundo pero sin la educación y cultura de primer mundo.
Basta recordar que el último incendio que consumió tres caserones condenados en El Chorrillo. Les extendemos nuestra simpatía a todos los damnificados que vivían allí y cumplían con sus obligaciones mínimas y han quedado a la intemperie. Pero no en una actitud de exigencia al Gobierno para que les construyan unas viviendas de paquete ya, pero sin ningún costo. ¿Cuánto pagaban por sus viviendas? Oí decir a uno de los afectados que lo que él ganaba era exclusivamente para comer él y sus hijos, pero que no tenía para vivienda. Y viene a mi memoria lo que le ocurrió a un amigo, no precisamente en un siniestro como un incendio. Ajustado a viejo caserón de arrendamiento más barato, llevaba más de 20 años viviendo en este lugar, pero como él mismo lo decía, él no pagaba porque nadie en el edificio pagaba, sin embargo tenía celulares caros y otras extras no necesarias para vivir. Cuando le vinieron a cobrar, se convirtió en víctima del dueño del edificio y recurrió a la compasión religiosa a ver si hablando con el dueño se apiadaba y le dieron otra oportunidad, y ni así se consiguió que cumpliera con su palabra. Es duro mezclar la religión, la compasión y la solidaridad con estos comportamientos. Es verdad que debemos estar con el débil, el afectad, pero también hay que poner las cosas en su debida perspectiva.
Ahora podemos decir que esto no solo ocurre en Panamá, sino en todas partes. Ojalá no ocurrieran incendios, ni terremotos, pero cuando suceden y usted ha cumplido con todo, entonces usted merece toda la compasión y ayuda inmediata, pero cuando culturalmente hemos decidido aprovecharnos, teniendo con qué, jugando vivo, entonces tenemos que inventar otro discurso.