Legalicemos lo ilegal
Secretario de la Junta Directiva de la Fundación IPEC.
Si se lee en voz alta, uno puede entender lo increíblemente poco inteligente de la idea: si es ilegal, lo legalizamos y se acaba el problema. El tema del transporte en Panamá tiene su génesis en dos vertientes claras. La corrupción que toda la vida ha girado en torno al sistema completo del transporte público y las ideas geniales de quienes deberían resolverlo.
La idea de que el Estado, a través de un concesionario, tomara las riendas del transporte público de la ciudad de Panamá era eliminar el desorden y la posibilidad de poner en peligro al pasajero con unidades recicladas. De igual forma, era brindar dignidad a los trabajadores de ese sector.
SI NO HAY UNA POLÍTICA DE TRANSPORTE PÚBLICO, HAY QUE DEFINIRLA. BASTA DE IMPROVISAR. Y BASTA DE REACCIONAR PÁLIDAMENTE ANTE EL CHANTAJE DE QUIENES TODA LA VIDA LUCRARON Y JUGARON CON LA VIDA DE QUIENES NOS TOCÓ EN MALA HORA SER USUARIOS DEL TRANSPORTE PÚBLICO EN PANAMÁ.
Ha sucedido todo lo contrario. Salvo que las unidades del metrobús son realmente nuevas, el que la mayoría de los conductores provenga de los antiguos “palancas” no ayuda mucho. De igual manera, poner en manos de una empresa que evidentemente está experimentando qué hacer con el sistema, da por resultado la insatisfacción del resto del recurso humano que, descontentos, terminan renunciando.
Ante esta situación, usted puede pasar por los sitios donde inician los recorridos las unidades del sistema del transporte público y notará la enorme cantidad de unidades completamente detenidas en el patio. Y ni hablar de la gran cantidad de unidades que circulan hacia una ruta llamada “En tránsito”, un eufemismo para decir que el bus está de paso, o en otra cosa menos para lo que se le compró: para movilizar a los ciudadanos.
Era cuestión de tiempo para que los de siempre trataran de sacar provecho de la situación, y de ahí nacen los famosos buses piratas. Con rutas y frecuencias que evidentemente debió cubrir el sistema metrobús.
Acá era cuando en teoría, ya que el gobierno anterior era tan terriblemente malo, los nuevos deberían tener al menos una idea de qué hacer. Eso, una idea.
Pues no. La elección los sorprendió. De repente se enteraron de que había que gobernar y resolver el problema que tanto tiempo tiene. Con todas las herramientas a mano, lo primero que hicieron las autoridades fue un muy publicitado paseo en una unidad. Claro, había que corroborar si esos molestosos y mentirosos ciudadanos solamente estaban haciéndoles perder el tiempo con sus constantes quejas.
Una vez que se dieron cuenta de que sí había un problema con sus propios ojos, finalmente iniciaron conversaciones para resolver el problema. Y es acá donde aparece la mágica solución de tirar el polvo debajo de la alfombra: ¡legalicemos!
Imagino la reunión técnica-política para llegar a semejante éxtasis de claridad. Opiniones, informes, órdenes, gráficas, mapas, videos. Todo para llegar a la misma conclusión que podría haber llegado cualquier niño de 5 años.
Por favor. Tomemos esto de gobernar en serio. Una cosa es lo divertido de viajar a congresos y reuniones inútiles en el extranjero, cambiar los muebles de la oficina, comprar un automóvil nuevo para los despachos, acomodar a los amigos y familiares… ¡ah!, perdón, eso ya no … bueno, un largo etc.; y otra cosa es entender que todo eso no es más que las herramientas para ejercer un mandato que los jefes le entregaron en unas elecciones: gobernar para beneficio de todos.
Si no hay una política de transporte público, hay que definirla. Basta de improvisar. Y basta de reaccionar pálidamente ante el chantaje de quienes toda la vida lucraron y jugaron con la vida de quienes nos tocó en mala hora ser usuarios del transporte público en Panamá.
No puede ser que gobierno tras gobierno, un pequeño grupo de inútiles haga todo el dinero del mundo brindando el sistema de transporte que les da la gana, y si no, pues nos terminan secuestrando en las calles con cierres de vías a los que nadie parece interesarle resolver.
Este es un tema importante, ¡por Dios! Entiendan que nadie vota si se tiene que parar a las 4 a.m. para tomar un vehículo que lo deje en su trabajo dos horas y media después. Basta ya de improvisar y jugar al gobierno. Exijo que gobiernen efectiva y eficazmente.
El sistema del transporte es un tema integral, incluye los sitios donde los pasajeros toman los autobuses, incluye las calles, incluye las intersecciones, los tranques, la capacidad de los mismos para llegar a una hora fija. Pero sobre todas las cosas, incluye la frecuencia con la que el usuario cuenta con un transporte y el largo de las rutas de las mismas, basado siempre en la población y la forma de la ciudad. ¿Eso es tan complicado de entender?