Legalización de las drogas: ¿una opción?
Ante la poca o nula efectividad de las autoridades para combatir el crimen organizado, en especial el narcotráfico, un nuevo debate surge:
la legalización de todas las drogas.
La idea es un poco atrevida porque la propuesta abarca no solo al consumo de estupefacientes hasta ahora ilegales, sino que alcanza también la producción, distribución y venta que estaría en manos de empresarios capaces de lograr un control hasta en la calidad del producto.
Con esto los proponentes consideran que los atroces crímenes reducirán y se podrá tener “control” nuevamente sobre los territorios donde ahora es imposible caminar. Al respecto, algunos con el mismo atrevimiento se preguntan si no se trata de quitarle el negocio a los narcos para cambiar de mano.
Algunos comparan el hecho con la legalización del alcohol, que si bien es cierto a través de su legalización se desvanecieron los crímenes, como sociedad hemos fracasado en la prevención y las consecuencias, pues así como los borrachos no cesan, las muertes asociadas al consumo de alcohol tampoco se acaban.
No obstante debemos tener algo claro, una insinuación de esta naturaleza debe pensarse en forma macro, es decir, un país no puede tomar este tipo de medidas en forma aislada porque crearía un caos mayor del que ya existe. Debe ser en forma internacional.
De hecho en California se tuvo la intención de legalizar la marihuana no solo en el consumo, como se permite en ciertos estados norteamericanos de forma controlada; incluía también la producción y venta, pero la ciudadanía rechazó la moción por votación.
Los criminólogos apuntan a que en un futuro se deberán legalizar las drogas incluyendo las anfetaminas. Pero nos obliga a preguntarnos, con la misma dimensión en que se vive el crimen en estos días, si no estaremos entonces creando un problema sanitario y social de proporciones mayores al salir de control el consumo y con ello la conducta de los consumidores.
Es por eso que quienes se inclinan por esta idea consideran que será necesario internacionalizar el concepto para crear políticas uniformes y evitar desigualdad en cada uno de los pasos de esta compleja cadena. La corriente toma fuerza a medida que el crimen organizado se robustece y crece la frustración y el dolor ciudadano ante la ineficacia para contrarrestarlo.
Lo que muchos nos preguntamos; ¿seremos los padres capaces de prohibir a nuestros hijos una sustancia que el estado permite? ¿Qué consecuencias sociales tendrá el consumo de drogas con efectos tan variados en el ser humano? ¿Estaremos acabando con un problema para entrar a otro peor? Una larga tarea para debatir.
