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Legitimando conjeturas


Marguerite Yourcenar pone en boca del emperador Adriano la inevitable y ominosa conclusión de los creyentes: “Estoy en manos de adivinos, augures y nigromantes”.


La ciencia estadística es la rama de las matemáticas que aplica el cálculo de probabilidades a los sistemas no lineales o aleatorios, es decir: a los afectados o influidos por el azar, donde los hechos se basan en conjeturas. Se diferencian de los sistemas lineales porque estos tienen causas y efectos bien determinados. Así: la enfermedad tuberculosa es causada por una bacteria específica (sistema lineal) pero la hipertensión arterial esencial tiene múltiples causas, cuya proporción e importancia varía en cada persona, población o raza (sistema aleatorio, estocástico: no lineal).


Los sistemas predominantemente aleatorios, como los estudios de opinión, dependen de muchísimas variables, mensurables o no, tales como edad, sexo, educación, creencias, intereses y demás aspectos que influyen en la respuesta del encuestado y por consiguiente, en la legitimidad y consistencia del resultado. Por eso, al tomar una muestra representativa de esa población, es imprescindible un estudio directo de su composición real que, como vemos, nunca podrá ser totalmente homogénea ni homologable.


A lo mencionado anteriormente debemos agregar la interpretación de los datos, teniendo en cuenta el aforismo nihilista de que: “Nada es más subjetivo que la objetividad”. Si una encuesta hecha en la capital por medio del teléfono arroja que el 85% de los encuestados es feliz, no se puede concluir que “todos los ciudadanos son felices”. Sólo puede inferirse que la mayoría de los capitalinos que tienen teléfono, lo son, porque los que no tienen teléfono, ni son capitalinos, tal vez tengan una percepción distinta de la realidad.


Las estadísticas son una herramienta formidable para el progreso de la ciencia, pues permiten legitimar las conjeturas con cierto grado de certidumbre. Aunque, como hemos visto, tengan serias limitaciones, puesto que ellas no pueden negar ni afirmar nada en forma absoluta o concluyente, como sí lo hacen los sistemas lineales -no estocásticos- de causa y efecto. Las estadísticas sólo pueden sugerir un hecho percibido bajo la lógica de lo probable. Una vacuna que tiene 85 % de efectividad sugiere que es muy efectiva, pero no totalmente, porque a quince de cien vacunados no les servirá. Así mismo debemos aclarar, como lo demuestran numerosos estudios médicos, que lo probable no siempre es plausible (admisible). Un tratamiento que sugiere ser muy bueno para prevenir una enfermedad puede no ser clínicamente plausible, ya sea porque provoque otra enfermedad peor o porque para prevenir que unos pocos se enfermen, la enorme cantidad de pacientes a tratar lo haga ineficiente.


El sesgo intencional, así como el engaño y la manipulación psicológica de la opinión pública, además de ser un fraude, socialmente es tan peligroso como para el individuo resulta ser el azaroso juego de la ruleta rusa.