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Leopoldo López

Por: Redacción 22/09/2015

La política exterior de Panamá siempre ha estado más enfocada en fomentar negocio e inversión que en relaciones políticas. Hemos optado tradicionalmente por ser neutrales en la mayoría de los casos. Orgullosos de jugar un papel como el de Suiza, conciliador en los momentos críticos, pero dando más apoyo cuando nuestros aliados y hermanos latinoamericanos así lo requerían.

Un caso importante empezó en febrero del 2014 con una serie de manifestaciones contra el gobierno socialista de Venezuela, ahora presidido por Nicolás Maduro, pero establecido por Hugo Chávez. Los líderes de oposición venezolana María Corina Machado y Leopoldo López, en conjunto con movimientos estudiantiles, organizaron marchas en varios puntos del país. A horribles consecuencias de heridos y muertos le siguen una cantidad de violaciones a los derechos humanos que culminan con el arresto de Leopoldo López en medio de una manifestación pacífica, en la que se entregó sin pelear a las autoridades.

Nunca fui simpatizante de Chávez ni de los tentáculos de poder que activamente estiraba a otros países de Suramérica, pero siempre nos mantuvimos al margen para en principio guardar las relaciones diplomáticas. Luego del arresto de Leopoldo López, publiqué en Twitter: "Sorprende decisión del Gobierno de Venezuela. Panamá solo anhela que ese hermano país encuentre la paz y fortalezca su democracia".

Decidimos prestar nuestra voz para denunciar este hecho a su vez abogando por la paz y libertad en ese país hermano, haciendo eco a la dictadura militar que sufrió Panamá entre 1968 y 1989. Pedimos a la OEA que era importante que se escuchara a los dirigentes venezolanos de la oposición. Maduro acusó a Panamá de ser un lacayo rastrero de Estados Unidos y terminamos rompiendo relaciones diplomáticas con Venezuela.

Consideramos tanto a EE.UU. como a otros países latinoamericanos y europeos que son libres como nuestros aliados. El no tener relaciones diplomáticas con un gobierno que no respeta ni defiende los derechos humanos básicos está alineado a esta agenda.

Lo que yo me pregunto es ¿a qué agenda nos estamos alineando ahora? Desde que asumió Juan Carlos Varela la presidencia de nuestro país, las relaciones diplomáticas con Venezuela se restablecieron casi inmediatamente. Panamá volvió a darle un espaldarazo de apoyo a Nicolás Maduro cuando se abstuvo de votar en la OEA para que se discutiera de manera pacífica la crisis fronteriza entre Colombia y Venezuela. Lo que más llama la atención es que la canciller De Saint Malo ya le había asegurado el apoyo a la canciller de Colombia, María Ángela Holguín. Todo esto cambió al recibir el presidente Varela una llamada personal de Maduro, horas antes de la votación.

La semana pasada, el gobierno de Nicolás Maduro sentenció a más de 13 años a Leopoldo López que ya estuvo preso por 19 meses. Sin embargo, ante esta injusticia, Panamá volvió a quedarse callada y darle la espalda a un hermano latinoamericano.

¿Ha cambiado la agenda internacional de Panamá a una que defiende dictadores y no respeta los derechos humanos? Los hechos parecen indicarlo. Es evidente que se ha instalado un ambiente xenofóbico, y que la violación a los derechos de debido proceso y expresión, como en el caso de Julio Miller, es algo aceptable en Panamá durante estos días. ¿Cuál es el próximo paso? Tal vez deberíamos preguntarle a Maduro.

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Jueves 30 de julio de 2026

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