Letizia Ortíz (I)
Querido Director,
Hoy, con su permiso, le voy a hablar de la Princesa de Asturias, esposa de D. Felipe, heredero de la Corona de España y por lo tanto, futura Reina. Se llama en la vida civil, Letizia Ortíz Rocasolano y era una periodista-locutora del canal 1 de Televisión Española. Su padre Jesús, era técnico de sonido en una emisora de radio y su mamá, Paloma, liberada de un sindicato comunista. Esta pareja, agnóstica y fiel a sus principios marxistas, parece que decidió no bautizar a ninguna de sus tres hijas y desde luego y bajo ningún concepto, darles educación católica. Paloma, participó en manifestaciones y algaradas antimonárquicas y en una de ellas portaba una pancarta donde explícitamente se leía “Muerte a la Monarquía”. Letizia, militando como no podía ser de otra manera, en la izquierda (en este caso no caviar) se casó jovencita con uno de sus profesores de instituto y el matrimonio civil duró varios años. Posteriormente llevada por su pasión por el arte fue novia y modelo de un pintor mejicano con el que vivió dos años en el DF.
A su regreso a España tuvo varias y conocidas relaciones con compañeros de la radio y televisión con los que comentaba abiertamente su hastío de tener que leer en el telediario noticias de la Casa Real y concretamente del “Principito”. Tenía a gala vestir sólo con deportivas y mochila.
Pedro Erquicia, periodista de Televisión Española y con una cierta relación con el Rey Juan Carlos invitó al Príncipe a una juerga en su casa a la que asistieron varias jóvenes relacionadas con el medio. D. Felipe, futuro Rey, alto, guapo, rico y muy educado, está acostumbrado, como no podía ser de otra manera, a que se le rindan las muchachas a las que pretende. Pero Director, aquí aparece la inteligencia natural de Letizia Ortíz, que no solamente declinó la invitación para esa noche, sino que le dijo “no” varios días seguidos. Usted sabe lo que a los hombres nos provocan las negativas y desaires de una mujer: más interés, e incluso se llega a la obsesión. Cuando Letizia dijo sí a una cita con el Príncipe, ya su posición estaba enormemente reforzada y la de D. Felipe, muy por debajo de la media. Como parece que entre las virtudes de nuestro Príncipe no está la de tener un carácter firme ni una acusada personalidad, fue cuestión de días el que la novia se adueñase completamente de la voluntad del novio. Tan es así que sin cumplir tres meses de relación, el Heredero planteó a sus padres por sorpresa su intención de casarse con la señorita Ortíz, a la que ellos ni siquiera conocían. La oposición paterna fue frontal, hasta el punto de que las relaciones padre-hijo aún no han vuelto a la completa normalidad. La Reina Sofía, aún oponiéndose, fue más comprensiva y después de comprobar una vez más que la soberbia es el único pecado capital que siempre se paga en vida, admitió el compromiso y a hechos consumados, intentó por todos los medios que el asunto ante los españoles y la posterior boda, saliese lo mejor posible. Doña Sofía, durante los últimos quince años había apartado a su hijo de diversas relaciones con señoritas de buena familia, perfectamente educadas y en algún caso aristócratas por considerarlas no merecedoras del Trono de España. Ahora se enfrentaba con el peor desafío de su vida: aceptar como nuera a una mujer del más bajo extracto social, divorciada, sin ninguna educación de relieve, no deportista, pobre, republicana de izquierdas y para colmo, ni siquiera sabía santiguarse.
La señorita Ortíz, con un aplomo y una seguridad en sí misma admirables, no solamente se consideró adecuada para ser reina, sino que el día que fue presentada primero a los Reyes y después a la prensa en Palacio, la ya novia oficial, interrumpió y mandó callar a D. Felipe ante 400 micrófonos.
Atentamente,
