Letizia Ortíz y (II)
Querido Director,
Se han cumplido seis años de la boda de Letizia Ortíz Rocasolano con Felipe de Borbón y Grecia. La noche anterior a la boda se celebró una cena de gala en el palacio real a la que asistieron casi todos los invitados que al día siguiente asistirían a la boda religiosa en la Catedral de la Almudena. La costumbre y el protocolo obligó a que las dos familias al completo recibiesen a los invitados y allí toda España y media Europa, se dieron cuenta de la tremenda diferencia entre las dos familias, personalizadas en el abuelo de Letizia, que era taxista. Los nervios y la absoluta falta de idiomas hicieron que a pesar de su extrema delgadez Letizia, transpirase copiosamente y estuviese extremadamente nerviosa. Ya en esa cena hubo algunos problemas serios al juntar en diversas mesas a miembros e invitados de las dos familias, hasta el punto que al día siguiente, faltaron algunos, entre ellos el entonces marido de la Princesa Carolina de Mónaco, Jefe de la casa de Hannover y al que la prensa, aduladora y cortesana, adjudicó una gran borrachera que impidió su asistencia.
El día amaneció triste y lluvioso y la novia llegó a la catedral con 45 minutos de retraso, a pesar de que el recorrido que tenía que hacer en coche era de 200 metros. Televisión Española sirvió las imágenes del Rey, el novio y diversos invitados mirando nerviosamente el reloj. Para llegar a casarse por la Iglesia, hubo que hacer un auténtico malabarismo para que Letizia y toda su familia se convirtieran en pocos días en fervientes católicos y además asumir que ella era soltera, ya que la Iglesia Católica no admite el divorcio.
Sólo una voz entre cientos de aduladores del mundo mediático objetó firmemente a este enlace y vaticinó que con la llegada de la señorita Ortíz a la Casa Real se produciría la desunión de todos sus miembros y quién sabe si al final la caída de la propia Monarquía. El periodista discrepante se llama Jaime Peñafiel y fué, durante 25 años, redactor-jefe de la revista Hola. Los aduladores, incluidos periodistas serios y editoriales de periódico decían: “La princesa del pueblo”; “Aires de renovación en palacio”; “Contacto directo con los humildes” ó “Sencillez y a la vez una gran inteligencia para renovar a los Borbones”.
Y entonces, Usted me preguntará ¿cuál ha sido el resultado? : 1,500 trajes, más de 500 pares de zapatos, coches deportivos, visitas fuera de horario y rodeada de escoltas, favores no disimulados a su familia y ningún destello de esa supuesta intelectualidad como rasgo definitorio de su vida. Peñafiel acertó plenamente y a día de hoy, Letizia no se habla con ninguna de sus dos cuñadas (Infantas Elena y Cristina), el Rey ni siquiera le dirige la mirada en los actos públicos, la Reina hace como que suple todos estos problemas y la familia directa de D. Juan Carlos, que son los Gómez-Acebo-Borbón, ni van a Palacio ni la reciben en su casa. Ella no se queda atrás y ante amigos y periodistas dice barbaridades de su familia política.
Tienen dos hijas, las Infantas Leonor y Sofía, rubias y guapas, siendo Leonor, de momento, la heredera del heredero. Hay que tener en cuenta que en España rige la Ley Sálica desde principios del S. XVIII que establece la prioridad del varón sobre la hembra a la hora de acceder al trono, caso de D. Felipe, el menor de los tres hijos de D. Juan Carlos y que sería el caso de las Infantitas si llegase un varón.
España no atraviesa un buen momento y la pregunta es si se puede permitir el lujo de tener una Reina aislada familiar y socialmente, entregada a la moda y al lujo y que según la prensa sueca, padece anorexia y hace el ridículo en los actos sociales de las monarquías europeas.
Atentamente,
