Letras sueltas
"Si los que hablan mal de mí supieran exactamente lo que yo pienso de ellos, hablarían peor". Esta frase del actor, dramaturgo, escenógrafo, director de cine y guionista cinematográfico francés ya extinto Sacha Guitry es la que mejor define aquello de "guárdese para sus adentros lo que pudiera afectar a los otros".
La palabra. El poder de las palabras. Es que están allí, mire allá, voltee acá, a su lado, al mío, entre nosotros. Las palabras se someten a cada momento al filtro de nuestros pensamientos. Nuestras ideas salen en palabras; pensamos, identificamos, intuimos, comunicamos palabras. El poder de estos signos capitales está por encima de la hegemonía política, tecnológica, militar, sobrepasa todo límite. "Las palabras permiten al hombre darse cuenta de que se da cuenta", leí hace algunos días. La palabra lo es todo: el pasado, el presente, el porvenir.
Hay palabras que no pasan inadvertidas. Vienen atropelladas, chocan, producen efecto y se deslizan. Porque las dice el hombre, muchas veces impredecible, sin control, sin inteligencia, por instinto. ¡Alto! Esto no puede echar por tierra su principal función: ser herramienta, vehículo de comunicación. ¿Eso existe?
Como sea, las palabras están allí. ¿Las oye? No permita se estropeen. No pierda el momento. Son para celebrar, para festejar, para producir gusto. Disfrute del dulce arte de salirse con la suya, prodúzcalas, deles vida.
Se ha dado cuenta del poder de las palabras. Construyen, pero también destruyen. ¿Por qué utilizar mal las palabras?
Sin las palabras no seríamos nada. Adquiéralas, compre las mejores y más bonitas, tómelas de las vitrinas mientras pueda, las grandes y las chiquitas, las altas y las bajas, paquetes enteros. Eso sí: úselas con propiedad. ¡Hasta pronto!
Álex Nieto Montilla
Profesor de Español
opinion@epasa.com
