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Ley Blindaje, justa y necesaria

Por: Redacción 13/10/2015

Mientras esperaba en la farmacia de la Especializada (Complejo Hospitalario Metropolitano de la Caja de Seguro Social), escuché lo siguiente; lo que pasa es que la Sociedad Civil, los guachos, quieren mandar en este país; al presidente Valera, a la Corte Suprema de Justicia, a la Asamblea Nacional y al Tribunal Electoral, le tienen que decir qué tienen que hacer; entonces, para qué los pusimos allí, decía un viejo batallonero mientras esperaba también sus medicinas para la carga de dolores que lleva sobre su famélico cuerpo, porque para los dolores de la conciencia el Seguro no tiene medicamentos.

Yo trataba de leer un diario, algo sobre la Ley Blindaje, como cualquier accionista de la Caja que ve cómo se desmorona la Jerusalem del Dr. Arnulfo Arias, de cuyo templo no quedará piedra sobre piedra si persisten en utilizar los recursos del Complejo Hospitalario para mayores salarios y canonjías, que para lo que fue creado: brindar atención y salud a los asegurados.

Pero el susodicho Codepadi (Comité de Defensa de la Patria y la Dignidad) me hizo recordar los abusos en su época de los militares, pero más que eso, los abusos de los civilistoides, que sedujeron a los cuarteles y los pusieron a trabajar a favor de sus intereses políticos y económicos, al punto que se brindaron totalmente con sus caras de metemiedo. No había funcionario que no tuviera un capitán, un teniente, un mayor o simplemente a un sargento como escudo. Las oficinas públicas se convirtieron en verdaderas Galerías de Arte, fotos y cuadros de los prusianos adornaban las paredes de los ministerios, la foto de Torrijos y la del Gral. Noriega después, solo podían verse en los despachos superiores, detrás del escritorio de una izquierda que miraba más al Capital de la Derecha que un recién jubilado a una financiera. Allí con los militares se cumplía una sentencia bíblica, "Si nosotros con ellos quién contra nosotros". Dije bíblica, me equivoqué, quise decir revolucionaria.

Cuando el exbatallonero se disponía bajar por las escaleras ni modo que por el único elevador que parecía estar funcionando, sentí mucha pena por él, parecía que la vida como el mar le había devuelto todos los golpes que les había dado a muchos civilistas en las calles mientras arengaba ¡Ni un paso atrás! Y vivía sus mejores momentos de gloria.

Pero, qué tiene que ver esto con la Ley Blindaje, me preguntaba perdido en mi laberinto mental. ¡Mucho!, todos llevamos de una u otra forma un escudo, algunos una estampita y otros un crucifijo colgando del cuello, pero todos queremos y necesitamos protección, pensaba mientras hilaba un análisis perceptivo sobre la Ley Blindaje y digo perceptivo, porque nada es verdad nada es mentira, es como dijo el poeta, todo depende del prisma del cristal con que se mira.

Recordé entonces, que la inmunidad parlamentaria, el fuero electoral y las llamadas ley blindaje son recursos históricos utilizados en todos los parlamentos del mundo, para frenar los ataques de los opositores políticos y de los pasionarios civiles, que en todas las sociedades aparecen como Mesías o como inquisidores. Esos son precisamente los que una vez ostentan el poder, ponen a la Constitución y a las leyes al servicio de sus intereses políticos y económicos. En ese orden de cosas los pueblos desabridos confunden la venganza con la justicia y resulta que los castigos que infligen a sus captores son más atroces que los delitos que condenan.

Cuando la democracia cede sus tribunales al populacho, los reos se convierten en mártires del fanatismo. Y mientras los pueblos no marquen gran diferencia entre sus tiranos y abusadores, el Parlamento Centroamericano, el fuero electoral y la Ley Blindaje son y serán siempre avances de humanización en una democracia contingente. Esas conquistas no deben ser doblegadas por la presión de la Sociedad Civil Organizada, que hace que nuestros procónsules actúen por temor y no por justicia.

Por estas razones, el corolario de este teorema político me dice que la inmunidad parlamentaria, el fuero electoral o la ley blindaje, como quieran llamarlo, no es una condición sometida a la conducta del hombre, sino que se da por la voluntad popular (el sufragio) y esta condición no debe ser modificada unilateralmente por el Estado ni mucho menos por alguien desde una mesa de prensa o desde un lejano escritorio que pide venganza a gritos. Y si la voz del pueblo es la voz de Dios, lo que Dios juntó, no lo separe el hombre (Marcos 10:9)

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Miércoles 29 de julio de 2026

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