Libertad o libertinaje mediático
La capacidad de los medios de comunicación para difundir información y su efecto multiplicador en la sociedad es evidente, y se reconoce. Por sentido común, dicha capacidad no puede estar por encima de las leyes de un país ni puede afectar los derechos inalienables de los miembros de la sociedad para recibir información idónea, confiable y veraz. En la mayoría de los países del orbe se han desarrollado leyes, y al nivel constitucional, que delimita el alcance de la prerrogativa denominada “libertad de expresión” para que no se convierta en la desorganizada práctica de “libertinaje de expresión”.
A menudo escuchamos a periodistas, políticos y empresarios dueños de medios vociferar sobre el derecho a la libertad de expresión, utilizando los medios de comunicación que están a su servicio, el cual según sus criterios, no debe tener límites. Tratan de convencer a la sociedad que tienen derecho, y de forma muy burda, para decir lo que se les ocurra.
Con esta trastocada visión, los dueños de medios, no solo irrespetan las leyes vigentes, sino que nos tratan de forma despreciable al no reconocer nuestro derecho ciudadano de recibir una información imparcial, veraz y sin vicios ocultos. El caso más reciente y quizás más patético es el referente a la contratación del artista de reggae Don Omar. Ante una cancelación de su presentación para el Martes de Carnaval en la ciudad, medios televisivos y escritos se lanzaron de bruces a destrozar a dentelladas a la Autoridad de Turismo y a la empresa privada contratada para realizar tal contratación.
No obstante, luego de que los medios interesados en provocar maledicencias en contra del gobierno habían difundido con plena preponderancia declaraciones de Don Omar, la agencia contratante local sale y con detalles provee documentación que desmiente lo dicho por el artista y aclara el asunto. Sin embargo, medios y políticos malintencionados siguieron difundiendo “rumores y comentarios confusos”.
¿De qué libertad de expresión estamos hablando? ¿De la libertad a tergiversar, descontextualizar información, de desprestigiar instituciones y funcionarios, de ofender al presidente y su familia, de imponer intereses de una minoría de dueños de medios y políticos ambiciosos, incluso pasando sobre las leyes y la racionalidad? Lamentablemente esto no es libertad, sino libertinaje mediático, rayando en terrorismo, de lo cual ya estamos hartos y exigimos se tomen medidas para castigar este aberrante comportamiento que nos daña la imagen de país.