Llora la muerte de su padre
Estimado monseñor Emiliani. Un dolor agudo atraviesa mi alma. A mi padre lo asesinaron hace cuatro años. Era un hombre bueno, trabajador, sabio, insobornable. Venía de su hacienda con tres empleados en su carro doble cabina y lo emboscaron cuatro tipos armados y lo ametrallaron. Murió él y otro de sus ayudantes. Eran las 7 de la noche cuando fueron atacados. Los otros empleados salieron huyendo y a las dos horas llegaron a un pueblo a pedir ayuda. Los asesinos iban en un jeep y a dos de ellos se les pudo identificar. Mi padre tenía ganado y cultivaba maíz. Estuvo en la política por cierto tiempo y dejó eso al ver tanta corrupción en ese mundo. De joven hizo de agrimensor y de veterinario sin tener título. También fue panadero y trabajó en una imprenta. Sabía hacer tantas cosas. Era muy hábil. Se enamoró de mi mamá y aunque nunca se casaron, tuvieron cuatro hijos. Yo soy el mayor. Él me llevaba de niño y de joven a sus quehaceres y siempre fue muy competente en sus cosas. Yo estaba muy orgulloso de él. Con el tiempo fue creciendo económicamente y compró buenas tierras y crio una buena raza de vacas de leche. Me gustaba ver cómo trataba a la gente, con respeto y siempre honesto. Tenía frases que se quedaron grabadas en mi alma: "nunca engañes, di la verdad"; "jamás tomes lo que no es tuyo"; "si no trabajas, no mereces comer en mi mesa". Desde niño trabajé en la finca y pude estudiar, gracias a él. Pero ahora me entero de que el crimen fue ocasionado por un hombre celoso, amigo de él, ya que se peleaban la misma mujer, una joven de 24 años universitaria que primero tuvo algo con el asesino y luego fue conquistada por mi papá. Mi padre tenía 54 años cuando lo mataron. Uno de los matones lo ha estado diciendo cuando se emborracha y eso me ha hecho que se cayera del pedestal en que yo tenía a mi papá. Este dolor que siento ahora es casi igual al que tuve cuando me enteré de su muerte y llegué al lugar de los hechos y lo vi encima del volante, todo ensangrentado y los ojos abiertos, con una expresión de terror. No puedo superar esto. Y por otro lado, quisiera mandar a matar a los asesinos de mi papá.
Estimado señor. Quiero que se quede con la imagen de su papá tal y como la describió al principio de su carta. Un hombre trabajador, luchador, creativo, muy competente en varias áreas e insobornable. Él le enseñó tantas cosas a usted. Lo formó con la palabra y el ejemplo. De esta debilidad de su padre, al dejarse seducir por una joven muchísimo menor que su mamá, quisiera que tuviera usted la máxima comprensión y compasión por su padre, pero sin justificar el hecho. A esas edades la tentación es la de revivir etapas juveniles y nunca falta la persona joven que, interesada sobre todo por el dinero, sabe cómo encantar y conquistar a estos hombres. Estos señores las mantienen, pagándoles estudio, apartamento, ciertos lujos, y ellas saben cómo tratarlos. Son muchachas con apariencia de inocencia y fragilidad, pero que son expertas en el arte de seducir.
Por otro lado, aunque hay un proverbio popular que dice "que los niños y los borrachos siempre dicen la verdad", tenga mucho cuidado en aceptar como válidas todas las palabras dichas por el señor embriagado, que supuestamente fue uno de los asesinos de su papá. Él aduce que fue un crimen pasional, provocado por la disputa de una mujer por dos hombres. Y lo dice bajo los efectos del licor. ¿Es muy creíble ese testimonio? ¿Dice la verdad? ¿Sería ese el móvil? Habría que investigar bien el asunto y para eso le aconsejo denuncie el caso ya al Ministerio Público y que ellos indaguen los pormenores y arresten a los asesinos. Usted jamás intente vengarse. No manche sus manos de sangre y encomiéndese siempre a Dios nuestro Señor con quien usted es invencible.
Monseñor