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Lo atractivo del morbo en la era de una nueva verdad

Por: Redacción 15/11/2016

 

A pesar de su discurso aparentemente libre, morboso y desbocado, la realidad del "establishment" será uno de los principales desafíos para el nuevo presidente estadounidense, Donald J. Trump, en una era en la cual todo lo que es conocido como "la verdad", por ciertas audiencias, está siendo cuestionado ante nuevas formas de entender un escenario que provoca la culminación, quizás, de un orden informativo que, después de la Segunda Guerra Mundial, palidecía y se está haciendo obsoleto.

Si nos fijamos en las lecciones aprendidas recientes -elecciones de Panamá incluidas-, se hace evidente que sigue el desatino en las tácticas comunicacionales de quienes dominan los medios masivos de comunicación, en concubinato con otros grupos poderosos que diseñan estructuras de opinión que bendicen a potables mediocres y los migran al campo de los parciales triunfadores que son posicionados como "rockstars" ante las principales portadas y bloques informativos del circo mediático; y para colmo de males, apenas aparecen los resultados concretos en las contiendas electorales, aquellos que se robustecen con el voto silencioso, el voto Millenial y el de los marginados del progreso, se desata el estado de negación, las muecas y las ironías poco dignificantes del perdedor, así como las fases de "mea culpa" y el típico discurso soso de derrota, para ir de inmediato a cuestionar a las casas encuestadoras y a los asesores de comunicación estratégica por los resultados de trabajos que a luces eran percibidos como orquestados.

Hace unos días, leíamos con detenimiento a Ignacio Ramonet, catedrático y periodista que dirigió la revista Le Monde Diplomatique, y el intelectual analizaba las razones del éxito de Donald Trump, concluyendo que su victoria puede hacer al mundo entrar en un nuevo ciclo geopolítico a través de una peligrosa característica ideológica: un "autoritarismo identitario", que está a flor de piel en la comunidad de algunos países. 

Esto nos deja en el camino una estela de déjà vu, que creo que ha sido experimentado en muchos mercados a partir de la ira popular de quienes se han sentido completamente desatendidos en el escenario "ganar-ganar" de los indicadores económicos en nuestras naciones. 

El discurso chabacano, aquel que desluce la intención popular/populista, y nos hace sentir identificados con el rechazo al sistema, el status quo y la política de siempre, se impone en un momento en el cual se apela a la lucha contra la corrupción y el restablecimiento de valores teñidos de rescate a las buenas costumbres, los hábitos teológicos que dan fe sobre el buen ser humano, sin atender un escenario real: los medios apadrinan al morboso, al sucio, al soez, al poco importa porque al final, simplemente hace taquilla, así lo eleven o lo cuestionen por sus deslices. 

Periodista

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