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Lo difícil de cumplir de un pacto ético electoral


José Abrego (opinion@epasa.com)

No es un tema nuevo ni en nuestro país ni en otras latitudes del mundo. Ni tampoco es nuevo que la hipocresía es lo que rodea, ahora más que nunca, a este pacto. ¿Por qué razón? La respuesta es clara: el hambre de poder y gobernabilidad no tiene límites ni escrúpulos.

Nadie, por ingenuo que sea, puede pensar que los mismos actores que en el pasado político de nuestra república no han tenido decencia ni moral en el manejo de la ubre pública, menos la política, puedan venir a exigir de un día para otro, valores éticos, cuando sus propios actos denuncian su hipocresía, por lo cual no sería extraño que fueran los primeros en incumplir lo que se haya pactado formalmente.

Además, muchos de ellos han asistido a medios internacionales a decir todo lo que han querido, en cuanto a temas nacionales se refiere.

La prueba más clara del fracaso del pacto ético ha sido la llegada, casi mágica y silenciosa, a Panamá, de un personaje siniestro, el mismo que en muchos países de América hace su aparición para generar caos, a obediencia sumisa del que le genere más dividendos.

No hemos llegado ni siquiera al cenit político de la campaña electorera 2014, y ya este intruso político ha introducido sus narices en medios locales, atacando figuras de alto perfil, lo que nos obliga a generar esta pregunta: ¿a quién responde este señor?

También surge una pregunta tonta asociada a la anterior, la cual ya podemos de antemano saber la respuesta: ¿a qué viene? Con semejante precedente, bien tonto sería caer en semejante trampa, camuflada en un pacto, puesto que el caldo para la sopa de la difamación ya está servida.

Otro punto por el que un pacto ético no caminaría ni a la vuelta de la esquina es pensar que solo los partidos políticos tienen que ver en las campañas durante el proceso electoral. Y eso es muy ingenuo. Si los medios de comunicación social no firman y no adquieren el compromiso de ser indiferentes, y no publicar lo que los mantiene con vida, que son las noticias: ¿cómo van a resistir semejante tentación? Adicional a esto: ¿Quién controlará que los medios internacionales y la web hablen la verdad?

Es decir, es muy difícil establecer un límite entre una noticia que sea verdadera y una difamación o campaña, sea sucia o no. Por lo tanto, sin la firma de los medios de comunicación ningún pacto ético prosperará.

Otra verdad que quiebra los argumentos de la obligatoriedad de un pacto ético es pensar que solamente son unos cuantos meses en los que se puede opinar, dañar o favorecer las aspiraciones políticas.

Para nadie es novedoso que no finaliza bien una campaña política y la elección de cargos públicos, y los inquisidores políticos surgen de sus cenizas y emprenden avanzadas venenosas de desprestigio, ponzoñando, aguijoneando y metiendo el veneno de la difamación (uno por allí dijo que nadie viniera a invertir a Panamá).

Por lo tanto, es evidente que la campaña sucia nunca para a lo largo de la gestión gubernamental de un gobierno, sea cual sea. Como se ha expuesto, no existe realmente un límite de separación entre una noticia y una infamia hecha noticia.

Finalmente, las reglas de un pacto ético son difíciles de establecer, y mucho más y casi imposible, el cumplirlas a cabalidad.

Las ansias de poder y el poco ejemplo moral de la mayoría de los posibles pactantes derrumba la confiabilidad de que se cumpla lo establecido en un documento. Todos aquellos a los que no les conviene que se divulgue la verdad de sus malos actos son los más apurados y beneficiados en este asunto de la firma de un pacto.

Al final es mucho mejor que se sepa la verdad de cualquier candidato a puesto de elección popular, cosa que no ha cambiado en varios torneos electorales, a que escondidos bajo el paraguas de un papel, aspirantes no idóneos ocupen cargos públicos, manejando fondos nacionales irresponsablemente.

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Viernes 14 de agosto de 2026