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Lo inservible y lo superfluo


Rómulo Emiliani cmf (opinion@epasa.com) / Monseñor

¿Recuerdan cuando antes se fabricaban carros que duraban veinte años? ¿Han pensado en la intención de perdurabilidad que hay detrás de la construcción del Canal de Panamá? En Roma hay edificios que tienen cinco, diez, dieciocho siglos. Ese concepto de durabilidad estaba detrás de la inversión en mucho de lo que se hacía. Ahora todo está hecho para durar poco: los autos, las computadoras, la ropa, las modas… los matrimonios, las amistades. Todo está carcomido por lo temporal inmediato que supedita todo a la utilidad. Mientras me sirva lo “uso”. En las relaciones interpersonales se “instrumentaliza” a la gente. Lo que es inservible hay que botarlo: la esposa cuando pierde juventud y belleza, el empleado cuando deja de ser eficiente al máximo. Llevada esta filosofía al extremo: hay que eliminar a los seres humanos defectuosos, sean niños o ancianos. Exterminio de “razas inferiores “ o asesinato de personas porque no son de mi credo político o religioso.

Teresa de Calcuta nos enseña en cambio que lo “inservible” es muy preciado a los ojos de Dios. Su dedicación a los moribundos tirados en la calle nos hace ver lo que llamamos opción preferencial por los pobres. Estos son los que “no sirven”, según la concepción utilitarista actual. Jesús dejó a las noventa y nueve ovejas que estaban seguras y se puso a buscar a la perdida. Le dedicó tiempo y energía a ella. Siempre se le vio rodeado de enfermos, pecadores y gente marginada. Lo inservible según el mundo es lo que debería llamarnos la atención, según el Evangelio. ¿Cómo acercarnos a ellos y ellas y brindar el apoyo de su renovación y reconstrucción? Don Bosco hizo maravillas trabajando con lo “ inservible” de Tourín, los chicos “problema” y Ann Sullivan se dedicó con tanto esmero por la “inservible” sordomuda Helen Keller que hizo de ella una heroína.

Mientras más tenemos la “ mirada” de Dios, más apreciamos y amamos a esos que son “inservibles”.

Ahora, además de rechazar lo “inservible”, hemos escogido lo superfluo, lo que no es necesario y lo hemos puesto en lugar principal. Pero según el Evangelio, dedicándonos a lo “inservible” nos hacemos santos y nos enriquecemos más como personas. Por eso, Francisco de Asís ante el obispo, en medio del pueblo y en rechazo a lo “superfluo” se despojó de su ropa, se vistió de pobre y conquistó el mundo amando, haciéndose el “inservible”, sin ningún poder ni apego. Nos esperan grandes masas de seres humanos vistos como los que no producen, no sirven, los “excluidos”, que necesitan de los que “somos algo” para ser “reconstruidos”. ¡Baja autoestima la nuestra! Hay que echar por la borda lo que no necesitamos para llegar velozmente a nuestro destino que es ser más útiles a los que el mundo catalogó como “los inútiles”. Todos esos “excluidos” nos necesitan y además sepa que El Señor está en ellos y con Dios somos invencibles.

Monseñor