Lo que desconocemos de la mujer
Por una mentalidad heredada por generaciones, hemos visto a la mujer como un ser secundario, preparado para servir, dar placer, engendrar, aguantar todo y llevar una familia adelante.
Yo quisiera ahora ampliar profundamente lo que es ser mujer. Primero, les digo que la mujer imprime en el mundo una especial inteligencia envuelta en una gran capacidad de ternura. Ella tiene una creatividad y visión intuitiva que le permite visualizar y analizar los problemas y localizar fácilmente donde está la situación conflictiva.
Es tan común escuchar a madres que de una sola mirada pueden captar aspectos profundos de una persona y decir: “hijo, no te conviene esta amistad”. Pocas veces fallan. La mujer tiene una sensibilidad espiritual muy desarrollada que nos ha permitido tener en la Iglesia santas con un misticismo muy pronunciado. Podría ser una de las causas de que asistan más mujeres que hombres a nuestros templos. Pero sobre todo, la mujer tiene una fortaleza que la historia ha demostrado que es heroica.
Por eso les digo: ¡Eso del sexo débil es un mito! La mujer es más fuerte que el varón. La prueba es que hay más viudas que viudos. Ellas aguantan más que el varón, física, mental, espiritual y emocionalmente. Solamente con la maternidad enseñan a los hombres lo que es tener fuerza.
Solamente con la capacidad que tiene la mujer para manejar el dolor nos damos cuenta del arte que es ser mujer. Y no solamente por el parto. Cantidad de mujeres, que son madres y padres y que abundan en nuestro país, levantan solas a sus hijos demostrando su gran capacidad para soportar el dolor, resistir penalidades y no doblegarse ante nada.
Es decir, en este proceso evolutivo ascendente, en la medida en que la mujer ocupe puestos claves directivos en diferentes aspectos de nuestro mundo, nuestro planeta irá cambiando sus relaciones competitivas, bélicas, normalmente conflictivas, por otras más humanas.
Hoy quiero aprovechar para denunciar el abuso constante de que es objeto la mujer, no solamente por ser mujer, sino por ser pobre, campesina, india o negra. La profanación y marginación, la humillación constante y la explotación de la mujer, el tomarla como una esclava, ha constituido uno de los grandes pecados sociales de la humanidad.
La mujer ha sido golpeada, verbal y físicamente, abusada, aún violada por su propio marido; es utilizada en la propaganda y la publicidad para acaparar la atención del hombre, quien es el que todavía mantiene el mayor poder económico.
En los prostíbulos, la mujer es manipulada, marginada y llevada a la total degradación. Este pecado de marginación y ultraje de la mujer es impresionante y todos tenemos algo de culpabilidad, unos por actuar y otros por callarnos. Sabemos que detrás de todo esto está Satanás. ¿Por qué? Porque la mujer es eje de la familia y la sociedad.
La mujer es la que mantiene en la casa el ambiente de ternura, acogiendo en su corazón la vulnerabilidad, el cansancio, el agobio de su esposo, hijos e hijas. Es la que imprime los valores, las costumbres buenas y el ambiente de hogar. Entonces, atacar a la madre es destruir la familia.
Gran parte del problema se solucionará si la mujer despertara y comprendiera y creyera que ella es merecedora de todo el respeto, porque es igual al varón en dignidad y que las diferencias biológicas y psicológicas jamás determinan un segundo lugar. La mujer también necesita desarrollar una espiritualidad profunda con un encuentro con Cristo para aprender que es digna por sí misma y no es menos que el hombre.
La mujer debe entender que ella vale por si misma y sus atributos físicos deben quedar muy en segundo lugar. Su actitud debe ser la de prepararse intelectual y académicamente para sostenerse ella misma.
Es voluntad del Señor que la mujer ocupe un papel central en la marcha del mundo hacia una mayor perfección y eso se logrará en la medida en que todos nos unamos al Dios de la Vida con quien somos invencibles.
