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Lo que no dicen los enemigos de la solidaridad

Por: Redacción 02/12/2015

Los recientes argumentos de la Cámara de Comercio, Industrias y Agricultura de Panamá (CCIAP) sobre los problemas del programa de Invalidez, Vejez y Muerte (IVM) de la Caja de Seguro Social (CSS), los cuales concluyen en que la única salida pasa por el aumento indiscriminado de la edad de jubilación y la densidad de las cuotas, solo pueden ser calificados de sesgados, carentes de un diagnóstico adecuado y, sobre todo, interesados.

Es bien sabido que buscar la brusca en el ojo ajeno, cuando se tiene una viga en el propio, es un acto impropio. Es por eso que cuando hablan del problema de la seguridad social, los honorables miembros directivos de la CCIAP deberían partir de recordar dos importantes hechos. En primer lugar, de acuerdo con el Inec, en agosto del presente año existían 109 mil 165 asalariados que se encontraban dentro de una difícil categoría: empleados informales ocupados en empresas formales. Esto significa que se trata de trabajadores que carecen de contrato de trabajo, cuyos empleadores tampoco cumplen con pagar las cuotas de seguridad social que les corresponde.

En segundo lugar, el sector empresarial ha venido promoviendo un estilo de desarrollo concentrante y excluyente, que ha significado que la participación de los salarios en el PIB se redujera de 37.8% en 2000 a tan solo 30.3% en 2011, pese a que la productividad del trabajo se incrementó entre 2005 y 2011 en 18.0%.

Los enemigos de la solidaridad olvidan además, que el origen de la problemática de quienes se encuentran en el llamado subsistema de beneficio definido (solidario) de la CSS se debe a la presencia de un instrumento ideado, diseñado y apadrinado por los entonces representantes de la CCIAP en la mesa del diálogo que dio lugar a la Ley 51 del 27 de diciembre de 2005. Esta ley, tal como hemos insistido en algunos artículos previos, significó la ruptura de la cadena de solidaridad intergeneracional, de manera tal que todos los trabajadores que ingresaron al sistema de seguridad social a partir de 2008 fueron inscritos en el nuevo subsistema mixto (cuentas individuales) con finanzas separadas (artículo 155). Esto convirtió a todos los trabajadores del subsistema solidario, es decir, a los que ingresaron a trabajar antes de 2008, en un grupo cerrado, en el que no entra más nadie, pero en el cual cada día habrá más pensionados y menos cotizantes. Con esto se afectó a toda una generación que después de haber sido solidaria, carece del respaldo solidario necesario para lograr su jubilación.

DADA LA FORMA REGRESIVA DEL MISMO, CERCA DEL 20.0% DE LOS COTIZANTES, QUE GANAN $500.00 O MENOS AL MES, NO LOGRAN ACUMULAR NI UN SOLO CENTAVO EN SU CUENTA INDIVIDUAL, YA QUE TODO SU APORTE QUEDA EN EL FONDO COMÚN. EN CAMBIO, EL MUY REDUCIDO GRUPO DE PERSONAS QUE GANAN MÁS DE $9,000.00 O MÁS MENSUALMENTE COLOCA EN SU CUENTA INDIVIDUAL MÁS DEL 70.0% DE SU APORTE AL SUBSISTEMA.

El impacto de la Ley 51 sobre el subsistema solidario fue tan devastador que no le permitió al mismo capitalizarse a partir del reciente episodio de rápida expansión observado en el país. En efecto, el rápido crecimiento de la economía significó un aumento de cerca de 93.0% del número de cotizantes activos entre el 2015 y el 2013. A su vez el valor de las remuneraciones de los asalariados creció en casi 113.0% por ciento en el lapso de tiempo que va de 2015 a 2012. El problema está en que los efectos de todo esto fueron a parar principalmente al nuevo sistema de cuentas individuales. Si el impacto de estos acontecimientos favorables hubiera beneficiado al subsistema solidario (beneficio definido), sus reservas serían 50.0% superiores las actualmente existentes y seguirían creciendo al menos en el mediano plazo.

Los enemigos de la solidaridad, vale la pena, destacar, también olvidan que afectaron a los sectores más vulnerables y a los jóvenes que hacen parte del nuevo subsistema basado en cuentas individuales. Dada la forma regresiva del mismo, cerca del 20.0% de los cotizantes, que ganan $500.00 o menos al mes, no logran acumular ni un solo centavo en su cuenta individual, ya que todo su aporte queda en el fondo común. En cambio el muy reducido grupo de personas que ganan más de $9,000.00 o más mensualmente coloca en su cuenta individual más del 70.0% de su aporte al subsistema.

Por lo que se refiere a la capitalización de los fondos, las promesas de que las cuentas individuales tenían la capacidad de ofrecer una mayor rentabilidad a los cotizantes, también resultó ser un mito. Esto queda claro si se tiene en cuenta que entre 2006 y 2011 el rendimiento real promedio de los depósitos a plazo fijo anuales en Panamá ha sido negativo (-1.39%).

Queda entonces un solo camino: desenmascarar el nuevo intento regresivo de los sectores económicamente dominantes, organizándonos y movilizándonos, además, por la vuelta a un sistema solidario.

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Martes 28 de julio de 2026