default

Lo que nos une y nos divide


El Canal de Panamá divide nuestra tierra, pero nos unifica como pueblo ante la faz del mundo. Hoy somos los dueños soberanos de esa obra maestra de la ingeniería que proclama el ingenio del hombre que no lucha en contra de la naturaleza, sino que se hermana con ella. No fue en virtud de lucha continua que se pudo conquistar el entorno natural que nutre el canal, sino a través de la cooperación con el medio ambiente y el profundo entendimiento de los procesos que lo rodean. De manera tal que no fue la confrontación directa la que aseguró a las generaciones futuras el legado de esa gran obra, sino más bien el respeto y la comprensión de la naturaleza.

Así mismo como el Canal nos divide y nos une a la vez, por otro lado es lamentable que hoy en día la política nos lleve a divisiones y odios que crean brechas cada vez más difíciles de franquear. En un pueblo tan pequeño, hay una marginación ideológica de grupos que arrastran seguidores hacia esquinas diametralmente opuestas.

Panameños todos, somos los hijos de un istmo tan pequeño que el irresponsable vuelo de una piedra siempre a alguien termina por herir. A muchos se les pretende seguir enseñado el camino de la confrontación. Reflexionar y dejar a un lado la lucha cruda, no significa abandonar cobardemente la batalla. Es propio del que se encuentra en el frente analizar qué estrategia utilizar en el campo. Así debe ser el encuentro político también. La confrontación irrespetuosa y brutal sólo hace perder la fe en los políticos y en su capacidad de conciliación. Los muestra como individuos que no miden ni consideran los resultados de sus actos a la luz del bienestar social, sino que se mueven únicamente por intereses personales. Tan profundas son hoy las trincheras en nuestro “campo feliz de la unión”, que se han convertido en una trampa de muerte para el espíritu de la militancia política.

Si más de medio millón de almas cobró la Guerra Civil de los Estados Unidos, sin que ello impidiera que antiguos rivales se unieran para crear una gran nación; si los Liberales y los Conservadores pudieron deponer sus armas luego de la sangrienta Guerra de los Mil Días para dar paso a nuestra era Republicana, ¿cómo es posible que hoy en día no se pueda encontrar un punto medio en las diferencias políticas para que progrese nuestro país?

Un llamado a la unión, no significa dejar en latencia completa a la oposición, ni enervar el ímpetu que la mueve; sano resulta de verdad contar con ese balance que presta una función útil para el desarrollo del país. Todos quisiéramos ver proliferar aquella crítica que nace verdaderamente del análisis y la razón, que felicita lo que es bueno para el país y se manifiesta incansablemente en contra de todo aquello que pudiera ir en contra del interés nacional.

Tierra fértil para las generaciones futuras debería ser nuestro país. Como padres, hagamos el sacrificio supremo de trabajar ahora por los que mañana vendrán. Para que encuentren un país unido, donde el llamado solidario nos haga a todos sentirnos hermanos bajo una sola bandera. Cuando lleguen los momentos electorales, que se avive el fuego de la contienda; como debe ser. Pero durante los lapsos de tiempo que suceden una elección de otra, tratemos de vivir compartiendo lo que nos une y allanando todo aquello que nos divide.