Lo que se quiere: Justicia y derecho
El mensaje que la señora procuradora general de la nación, doña Kenia Porcell envió al país, en fecha de 29 del mes y año en curso, a través de diversos medios de comunicación, sin duda alguna que impactó a las conciencias críticas de la Patria. Y es que para todos los ciudadanos ha resultado un hecho inédito, por demás que insólito, que la máxima jerarquía de la entidad que investiga los presuntos hechos delictivos en el país, haya salido a la palestra diciéndonos a todos los que habitamos esta patria chica, que los fiscales están siendo amenazados, sobre todo en los casos de alto perfil. Se habló del número de ellos, es decir, cinco -5- casos. Es importante que este hecho no quede inadvertido ni que tampoco pase a la historia como una situación aislada del acontecer nacional. Para poder entender, a mi juicio, con claridad meridiana, conciencia cívica y espiritual, de modo altruista para con la patria, el mensaje de la procuradora, debemos considerar algunos elementos trascendentes.
El primero de ellos es lo concerniente a la justicia selectiva. Cuando hace aproximadamente unos tres años atrás se empezó a denunciar, por unos cuantos ciudadanos, que la justicia selectiva entrañaba una persecución política, casi nadie creía que había en este país tal cosa, pero fueron pasando los meses y el pueblo empezó a advertir que, efectivamente, la justicia penal panameña sí era selectiva y que los fiscales que instruían las llamadas causas de alto perfil aplicaban investigaciones a unos ciudadanos y que se les mandaba a la cárcel bajo el argumento de la detención preventiva o provisional, pero a otros se les beneficiaba con medidas cautelares o, simple y sencillamente, nunca fueron llamados a fiscalía alguna.
Hoy día, como es evidente, ningún ciudadano se sustrae de esta crítica hacia el Ministerio Público y por ello no silencian a diario los coros que entonan, con síndrome de lamento, que, efectivamente, la justicia selectiva es una realidad pues se advierte que los amigos del poder son intocables y todos los pecados de ellos les son perdonados. El segundo elemento a considerar en aras de comprender el mensaje de la honorable procuradora está vinculado al de la justicia selectiva y ello en la medida en que en no pocos despachos, sobre todo, los de las fiscalías anticorrupción, se empezaron a armar cuerdas procesales, expedientes o investigaciones en donde el presupuesto fundamental, desde la perspectiva del Derecho Procesal Penal, esto es el delito como estructura normativa, fenoménica, elemento indispensable para una investigación, no se había dado. Sin delito no puede haber investigación y menos proceso o juzgamiento penal. Si no se tiene la configuración de esos elementos propios al delito: acción típica, antijurídica y culpable, además de punible, y que un hecho delictivo le pueda ser atribuido, de manera categórica y plena, sin conjeturas o suposiciones, tampoco con malquerencias, odios, rencillas o rencores, a un ciudadano determinado, ¿cómo entonces podríamos llevar una causa huérfana de pruebas a los tribunales y plasmar en una vista fiscal un pedido de enjuiciamiento o juzgamiento en contra de una persona?
Siendo así las cosas, aunque no se haya dicho ahora, pareciera que el gran culpable de que los casos propios de la justicia selectiva o de la persecución política se caigan, fenezcan, son los jueces y magistrados que sí han respetado y decidido, aunque ese es el deber judicial de ellos, pronunciar el derecho de manera objetiva.
Es por ello que se han venido dando decisiones en los juzgados y tribunales, incluida la propia Corte Suprema de Justicia, que no han tolerado o no han permitido violaciones al debido proceso, tampoco violaciones al Estado Constitucional de Inocencia de cada ciudadano. No se han tolerado las infracciones a la garantía constitucional de la tutela judicial efectiva y que de modo diáfano preconiza la Convención Americana sobre Derechos Humanos.
Pero también es necesario advertir que los tribunales no han dado paso a esa extraña pretensión de los fiscales consistente en que creen que pueden hacer investigaciones sin que haya término de duración para realizarla o efectuarla. Es decir, investigaciones sin fin ni límites.
Si la ley procesal panameña, llámese Código Judicial, le prescribe en el Artículo 2033, a los fiscales, el término de duración para instruir un sumario indicando, de manera literal, que es cuatro -4- meses inclusive hasta seis -6- y que puede ordenarse una ampliación del sumario si así el juez lo estima conveniente, no entendemos entonces por qué se insiste en tomarse un tiempo más allá del permitido por la ley y que ahora se venga argumentar que es que hay quienes se oponen a las investigaciones de estos casos.
No tengo duda alguna en señalar que la disertación de la procuradora constituye, de algún modo, un grito de desesperación. Y que tal vez se encuentra atrapada en medio de presiones políticas que, tristemente, han querido instrumentar al Ministerio Público –cosa nada extraña en todos los tiempos- como la columna o el pilar fundamental para construir una futura e inminente campaña electoral en la que sin duda alguna el argumento o el discurso fundamental va a ser el tema de la lucha contra la corrupción. Y para ello se requiere preparar los contenidos de ese importante discurso.
Finalmente, también quisiera agregar que son los fiscales los que ordenan detenciones y los que persiguen el delito. Son los ciudadanos los que le tienen miedo a los fiscales arbitrarios, abusadores, pero que ahora se nos venga a decir que son los fiscales los que tienen miedo y que son amenazados, me perdonarán, pero estimo que es un argumento muy difícil de asimilar a la inteligencia, aun a la más profana.
Quiero cerrar estas líneas de la siguiente manera: Señora procuradora doña Kenia Porcell, para agigantarse en el mundo del Derecho solamente se requieren dos condiciones: la primera es respetar el Derecho y la segunda es conocer bien el Derecho. Sin duda alguna creo que usted lo conoce muy bien, pero cuando se es jerarca de una institución tan importante como la que usted regenta no se puede ser amigo del poder político, tampoco enemigo, simplemente hay que ser objetivo y neutral, políticamente. De lo contrario se corre el riesgo de ser atrapado por las mieses del poder.
Abogado