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Los adolescentes ruegan por ser escuchados


Julián P. Palacio O. (opinion@epasa.com) / Colaborador.

Esta semana se han dado varios acontecimientos en los que hay menores de edad como protagonistas; la famosa fiesta del Facebook de Don Bosco y la lamentable situación con un preparador deportivo, quien defraudó la confianza que depositaban los padres en él por considerar sincera y honesta su labor de entrenador. Estas son solo unas de las pocas señales de alerta de que debemos comunicarnos con nuestros hijos adolescentes de mejor forma.

Hay un dicho popular que se escucha siempre: “hijo chico, problema chico; hijo grande, problema grande”; vamos a cambiar un poco esa forma de pensar y digamos que “hijo chico, comunicación grande; hijo grande, comunicación más grande”, ¿les parece?

Es importante poder comunicarnos con nuestros hijos de tal forma que puedan entender la razón de ser de las cosas; como en las empresas, debemos comenzar con la misión y visión que se tiene como familia; poder establecer la escala de valores que se seguirán en el hogar y así ir dando tareas a los miembros de la familia.

Hay una película en los cines en este momento en la que un padre de familia sin formación crió a un hijo siendo muy permisivo y el niño sufrió mucho por eso; esa película la detesté al 90%, pero en una de las partes de la misma el padre se enteró de que su hijo sufría de diabetes por haber ingerido tantas comidas dulces en su infancia y, palabras más, palabras menos, el hijo le dijo al padre: “Es tu culpa, tú debiste haberme dicho que no”; consentir a los hijos no sirve en su formación.

La adolescencia es una etapa de cambios en la que el carácter de los hijos debe irse formando de tal manera que puedan empezar ellos a tomar sus propias decisiones, mas no caer en el “laissez faire” (hacer y dejar hacer sin control); hay que asesorarlos, conversar con ellos y buscar que tomen decisiones acertadas.

Un profesor con años de experiencia nos dijo: “eso de que yo soy el mejor amigo de mis hijos muchas veces es un engaño en el que los padres caemos”; es cierto que debemos ser amigos de nuestros hijos, pero ellos en su ambiente van teniendo muchos otros “mejores amigos” que también pueden influir en su comportamiento. Somos padres de familia y debemos ocupar nuestro lugar; si en un momento tenemos que corregir, es necesario hacerlo; si prometimos un incentivo por un logro, debemos cumplirlo y, de igual forma, si prometimos un castigo por alguna falta cometida, con todo el dolor de nuestra alma, debemos de igual forma cumplirla; después nuestros hijos entenderán cuando la vida les ponga las verdaderas pruebas.

Hoy te invito a que establezcas un puente de comunicación con tus hijos; verás que dará resultados.

Colaborador.

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Martes 18 de agosto de 2026