“Los anillos del miedo”
Luis XIV de Francia y después Napoleón Bonaparte, se caracterizaron por tener la visión de rodearse de lo más granado de la intelectualidad de su tiempo. Bajo el mandato de Luis XIV no sólo consiguió el poder político y militar, sino también el dominio cultural con personajes como Molière, Racine, Boileau, La Fontaine, Lully, Rigaud, Le Brun y Le Nôtre. Estos logros contribuyeron al prestigio de Francia.
Por su parte, Napoleón reorganizó la administración del estado, el sistema judicial, tipificó la legislación civil francesa con el Código Napoleónico y con otros 6 códigos que garantizaban los derechos y libertades conquistados durante el período revolucionario, así como la igualdad ante la ley y la libertad de culto.
Los tiranozuelos y seguidores del absolutismo en América Latina (Somoza, Trujillo, Pérez Jiménez, Fulgencio Batista, Rojas Pinilla, entre otros), jamás se preocuparon por dejar nada a las posteriores generaciones, que no fuera una estela de saqueo, corrupción y arbitrariedades.
Monumentos que además de traer una voluminosa deuda pública, llenaron los bolsillos de estos con contratos onerosos y leoninos al erario público. Hoy nos señalan esas moles de concreto como “logros” de sus gobiernos. Esta es una práctica que no ha perdido su vigencia al día de hoy.
En nuestro país, al igual que ocurre en casi todas estas otras caricaturas de democracia de América latina, los gobernantes de turno se afanan por encontrar no consejeros aptos y bien intencionados, sino versiones deformadas de Fouché, Maquiavelo, Marat y Robespierre. Mientras más mediocre, incondicional, prostituido, desviado y aberrado, sea el sujeto, más oportunidad existe de que tenga acceso al Jefe del Estado y que este le escuche y siga sus consejos. Y son estas personas las que crean un anillo alrededor del Jefe del Estado, impidiéndole que tenga acceso a otras opiniones, mejores o distintas y que pueden estar bien intencionadas.
Son mediocres que jamás aceptaran ser desplazados del “anillo del entorno” porque esta es la base de su subsistencia y sobrevivencia, y de ser desplazados se morirían de hambre, ignominia y desprecio público. Sujetos con desviaciones y aberraciones morales, intelectuales, sexuales, personales, etc. Para ellos ser normal e inteligente o bien intencionado, o incluso heterosexual, es lo deplorable. Lo aceptable es ser corrupto, desviado, aberrado e inmoral. Son sujetos que buscan a personas de su mismo carácter, talante y conducta, y de esta manera, se forman los “anillos del miedo” alrededor del gobernante, y como consecuencia necesaria, la gestión de gobierno se hace cada vez más, de la peor manera.
Abogado y politólogo.
