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Los asesinos, versión 4 rueda


Lo extraordinario, lo que nunca debe pasar, lo inusual sí pasa en las calles de Panamá.  

Y seguido.

Y hay muertos. Y hay heridos. Y nadie es responsable. Y nadie hace nada para evitarlo.

Y se fugan. Y qué importa. ¿A alguien le importa?

Y así seguimos, con las calles convertidas en una selva a raíz de varios irresponsables que no respetan las leyes, ni las señales, ni nada.

Ni siquiera la vida.

De vuelta y como otras veces, ayer la ciudad de Panamá amaneció con la noticia de un choque fatal producto de una regata entre dos autobuses en la Avenida José Agustín Arango,  frente al centro comercial Plaza Carolina.

¿El saldo? Una persona muerta y 33 heridos.

El accidente se registró a las 10:30 p.m. e involucró a un autobús de  la ruta Vía España-Tocumen y a un taxi.

Los reportes de la Policía indican que  dos autobuses de la ruta Vía España-Tocumen realizaban una regata y, como consecuencia de ello, uno de los autobuses se cruzó al paño contrario, chocó contra un taxi y luego volcó.

La víctima fatal del accidente –otro más en la larga lista- fue una joven de 25 años, quien iba a bordo del taxi.

¿Hasta cuándo tanta desidia? ¿Cuándo el Estado les pondrá un límite a estos irresponsables?

Los diablos rojos, amos y señores de las calles, pueden poner en peligro la vida de los usuarios por la sencilla razón de que los controles del Estado brillan por su ausencia. No existen.

 Conductores sin capacitación (uno de los  choferes  de los autobuses involucrados en el accidente tenía 17 años, según reportes) dueños  sin los  papeles en regla para transitar, máquinas destartaladas y una carrera loca por ganar unos centavos más. Así está el transporte hoy, al menos hasta que se complete la entrada  del metrobús.

Mientras tanto, y hasta que esto no ocurra,  subirse a un diablo rojo será una lotería.

O, incluso, estar cerca o transitar por el otro paño. Puro azar.