Los bobos de la cárcel
Los países latinoamericanos parecen padecer de las mismas dolencias, especialmente en lo referente a crimen organizado y/o tráfico de drogas, según un estudio titulado “Sistemas sobrecargados; Leyes de drogas y cárceles en América Latina”. El análisis efectuado por WOLA; Oficina en Washington para asuntos latinoamericanos (2011), en 8 países de la región (Argentina, Bolivia, Brasil, Colombia, Ecuador, México, Perú y Uruguay) arroja interesantes hallazgos.
El primero es que este tipo de delitos están sobre poblando las cárceles debido a las penas severas que conllevan, lo peor es que aun teniendo las cárceles llenas de delincuentes consumidores o traficantes, su situación no parece haber causado ni un rasguño al narcotráfico en la región. Continúan los grandes capos sueltos, los miles de millones de dólares blanqueados y una alta demanda de consumo en ciertas drogas como marihuana y cocaína.
A pesar de haber transcurrido medio siglo desde la firma de las convenciones de drogas de la ONU cuyo objetivo era promover el endurecimiento de las penas, la región no ha hecho una revisión exhaustiva sobre sus resultados y los alcances de la lucha antinarcóticos. El documento revela interesantes hallazgos en la forma en que se aplican las penas a las personas involucradas. La legislación no hace distinción entre pequeños vendedores, mulas, grandes traficantes, o si son violentos y no violentos. Desde que se implementaron las leyes de drogas en 7 países, la tasa de encarcelamiento aumentó más del 100% en 15 años. Mucho se debe a la falta de medidas alternativas a la detención preventiva que son negadas en este tipo de delitos. Un alto porcentaje de los internos es por posesión incluso, consumidores que pagan penas severas aún en países donde las dosis mínimas son permitidas.
Uno de los datos que llaman la atención es que la mayoría de los presos lo están por ofensas menores y es raro ver capos encarcelados. En Colombia solo el 2% de del total de los narcotraficantes presos son mandos medios y altos. El 98% no habría tenido, o no se le pudo probar una participación importante en los “carteles”.
Los datos deben llamar a una reflexión sobre la manera en que los países deben re enfocar sus esfuerzos antinarcóticos, no solo por los miles de millones de dólares que parecen entrar a un barril sin fondo, sino enfocar los esfuerzos de la ley dirigiéndolos contra las grandes redes del tráfico de droga antes que contra los más débiles de la cadena del narcotráfico.