Los cíborgs
Neil Harbisson fue la primera persona reconocida como cíborg por un gobierno. Su foto de pasaporte, donde aparece con su antena cibernética, lo corrobora. Pero no es el único. Manos biónicas, marcapasos, implantes cocleares y otras innovaciones médicas convierten la tecnología en el mejor amigo del hombre. Y a las personas portadoras de estos productos las ha convertido en una especie que ha dejado de ser cinematográfica para convertirse en una realidad cada vez más habitual.
Se llama Neil Harbisson y nació con acromatopsia, una dolencia que impide apreciar los colores a la persona que lo sufre. Pero la vida en escala de gris no le gustaba a Harbisson y por ello creó el eyeborg, un ojo electrónico conectado a un chip situado en la parte trasera de su cabeza. Ahora escucha colores. Porque su tercer ojo no le ha devuelto la capacidad de distinguir visualmente tonalidades, pero sí los capta y envía señales auditivas que Harbisson ha memorizado para distinguir el color que tiene delante. Ahora, según sus propias palabras, se define como sonocromático y cíborg, condición que le ha concedido el gobierno convirtiéndolo en la primera persona en alcanzarla, y lucha por los derechos de su comunidad.
Magnus, un camionero sueco, percibe cómo su cerebro controla los actos de su mano. Algo común si no fuera porque su mano es biónica. Unos tornillos unen el implante al hueso y unos conectores permiten una comunicación bidireccional entre el cerebro y la mano a través de impulsos eléctricos. La forma de implantación permite además que el amputado perciba el contacto y la presión ejercida, lo que facilita la percepción de la prótesis como algo propio evitando así el extrañamiento, una de las principales causas de rechazo de los implantes. Una década ha pasado desde el accidente y desde hace unos meses Magnus, gracias a su nueva mano, ha podido volver al trabajo, jugar con sus hijos y llevar una vida completamente normal.
Los implantes cocleares son otra de las innovaciones médicas destacadas. Estos dispositivos permiten oír a aquellas personas que padecen sordera aguda o profunda y cuyo tratamiento con audífonos ya haya sido descartado.
Son muchos los que no sienten sus implantes como dispositivos ajenos a ellos, sino como partes de su propio cuerpo. “No llevo incorporada tecnología, soy tecnología”, confirma Neil Harbisson, orgulloso de su condición y de las posibilidades que su dispositivo le ofrece. Y es que, según la propia definición de la Real Academia Española (RAE), cíborg es aquel “ser formado por materia viva y dispositivos electrónicos”. No es la tecnología al servicio del hombre, son tecnología y hombre unidos en un mismo cuerpo. Son mitad humanos, mitad robots. Son, todos ellos, cíborgs.