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Los comensales y la Navidad

Por: Redacción 24/12/2014

Leonardo Boff ha acuñado la palabra “comensalidad”, la cual, si bien no existe en el Diccionario de la Real Academia, está claramente vinculada a la palabra comensales, en su aceptación que se refiere a las “personas que comen en una misma mesa”. En ese sentido, se podría decir que la “comensalidad” es una actividad típica de la Navidad, cuando nos sentamos con la familia y con los amigos a comer juntos, en un ambiente de cálida fraternidad. Se trata de una celebración humana en la que practicamos los principios del amor, la cooperación y la solidaridad. En palabras de Boff: “Consumir comensalmente es comulgar con quienes comen contigo”, y añade que “toda comensalidad es, de algún modo, sacramental”.

LA REALIDAD ES QUE LA BASE DE LOS PROBLEMAS ESTÁ EN UNA SOCIEDAD QUE PRIORIZA EL LUCRO, LA ACUMULACIÓN, LA DEPREDACIÓN Y LA COMPETENCIA. DENTRO DE ESTA JAMÁS ALCANZAREMOS LA VERDADERA “COMENSALIDAD”, A LA QUE LEONARDO BOFF SE REFIERE, LA CUAL ABARCA LA COMUNIÓN SOLIDARIA Y FRATERNA CON TODA LA HUMANIDAD Y CON LA PROPIA NATURALEZA.

Lamentablemente, actuamos como comensales de Navidad en una forma fragmentada, limitada y, en gran medida, desnaturalizada. Esto es fácil de entender al recordar que a nivel mundial, de acuerdo con datos recientes de la FAO, el 11.3% de la población se encuentra desnutrida, mientras que el 17.5% de la misma se puede considerar en condición de inadecuación alimentaria. En términos absolutos, se puede señalar que, de acuerdo con este organismo de Naciones Unidas, cerca de 805 millones de personas sufren de desnutrición crónica. Se trata de seres humanos que no tienen la oportunidad de ser verdaderos comensales humanos ni en la Navidad ni en ningún día del año.

Nuestro país no escapa a esta difícil realidad. Utilizando nuevamente como referencia las cifras de la FAO se puede establecer que, de acuerdo con la última medición, el 10.6% de la población panameña se encuentra en estado de desnutrición, mientras que si ampliamos el criterio para darle un mayor peso a la necesidad de ingesta vinculada con las actividades laborales y de educación, se concluye que el 18.1% de nuestra población se encuentra en condiciones de inadecuación alimentaria. Aplicando estos porcentajes a la población registrada en 2014, se establece que para el año que ahora culmina 208,299 panameños y panameñas estuvieron en condiciones de desnutrición, cifra que se eleva hasta 708,302 en el caso de la inadecuación alimentaria. Lo más triste de todo esto es que 19 de cada 100 niños panameños muestran algún nivel de subnutrición.

El fenómeno del hambre, tal como lo ha reiterado recientemente A K. Sen, premio Nobel de economía de 1998, no se explica simplemente por la falta de producción alimentaria en el mundo, la cual sería suficiente para erradicar el hambre de todo el planeta. Esta se explica, entonces, por la inadecuada y sesgada distribución de la riqueza, incluyendo el acceso a la tierra, y de los ingresos. En Panamá, también prevalece esta forma inequitativa de distribución del ingreso, lo que se evidencia en el hecho de que el 10% más pobre de la población apenas recibe el 1.0% del total de los ingresos del país, en contraste con el 10.0% más rico, que recibe el 40.2% de los mismos. En esta época del año en que se gasta de manera compulsiva, vale la pena recordar que en Panamá el 20.0% de la población con ingresos más elevados realiza el 53.0% del consumo.

No solo se trata de una ausencia de “comensalidad” que excluye a una buena parte de la población, si no que, además, de una lógica que destruye la base misma que permite la alimentación humana. En efecto, se trata de la presencia de formas de producción, que si bien maximizan las ganancias, se basan en prácticas no sostenibles que agotan y destruyen las fuerzas de la naturaleza, lo que pone en peligro el bienestar de las futuras generaciones. Así, por ejemplo, la ausencia de una real práctica agroecológica significa que, aunque habitualmente se le asigna a la agricultura el 14% de las emisiones de gases invernadero, es posible, teniendo en cuenta la energía utilizada y los cambios en el uso de suelo, que este porcentaje se eleve al 30%.

La realidad es que la base de los problemas está en una sociedad que prioriza el lucro, la acumulación, la depredación y la competencia. Dentro de esta jamás alcanzaremos la verdadera “comensalidad”, a la que Leonardo Boff se refiere, la cual abarca la comunión solidaria y fraterna con toda la humanidad y con la propia naturaleza.

Detengámonos en medio de las festividades a recordar que el 25 de diciembre no se celebra el nacimiento del falso dios dinero, se celebra el nacimiento del Dios del amor, la fraternidad, la justicia y la equidad, que se hizo humano y pobre para enseñarnos el camino de la liberación.

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Miércoles 5 de agosto de 2026