Los corredores y los mismos males
La fuerza con que se trató el tema a principios de este gobierno hizo pensar en la posibilidad de que en los corredores se aplicaran correctivos que permitieran agilizar el tráfico. A más de un año el drama es el mismo, y las casetas de cobros parecen represas por las que no es posible colar un alfiler en las horas picos. En las otras horas, pese a un notable incremento del tráfico vehicular el cobro se limita a una o dos casetas y casi siempre una o dos permanecen cerradas. Todo un trauma debe respirarse en el Ministerio de la Presidencia, considerando que su titular fue uno de los abanderados del cambio y crítico incisivo de la deficiencia anotada. Un ejemplo específico de que en la administración del Estado no bastan los deseos ni la disposición para poner en marcha algún proyecto, por lo que no todo el tiempo las críticas que surgen de la impaciencia, el egoísmo o la oposición política suelen ser acertadas ni constructivas. Se sabe que el gobierno ha persistido en este tema pero sin resultados visibles. Mientras tanto, de manera consecuente, sin quejas y con cierta resignación, los usuarios parecen haberse adaptado sicológicamente a las circunstancias y ya miran como normal la enorme aglomeración de autos, cada mañana o tarde, ante unas casetas lentas en la recepción, en el trámite de pago y en el ritmo que le imponen a ciertas actividades.
