Los Derechos Humanos hoy
Un día como hoy, el 10 de diciembre de 1948, la humanidad dio un gigantesco paso con la aprobación por parte de la Asamblea General de las Naciones Unidas, de la Declaración Universal de los Derechos Humanos.
Los pesimistas y los cínicos, de la mano de los ignorantes y los mediocres, nos dirán que no hay nada que celebrar puesto que la Declaración Universal, ha sido repetidamente infringida a largo de las seis últimas décadas del pasado siglo. Sin embargo, el 10 de diciembre tiene un significado especial para los amantes de la libertad y de los Derechos Humanos, puesto que conmemoramos 62 años de un comienzo: el de una era y un mundo en el cual el ser humano busca lograr el respeto universal y efectivo de sus derechos.
La Declaración Universal de Derechos Humanos se fundamenta en la consideración de que “la libertad, la justicia y la paz en el mundo tienen por base el reconocimiento de la dignidad intrínseca y de los derechos iguales e inalienables de todos los miembros de la familia humana”. Sin embargo, millones de personas en todo el mundo son hoy víctimas de prácticas que atropellan o pisotean su dignidad.
La Declaración Universal de los Derechos Humanos señala que “el desconocimiento y el menosprecio de los derechos humanos han originado actos de barbarie ultrajantes para la conciencia de la humanidad”. Durante la primera década del siglo XXI, tales actos han seguido realizándose por todas partes, y al socaire de la guerra y la represión las autoridades de muchos Estados, matan, torturan, hacen desaparecer, encarcelan ilegalmente y violan, una y otra vez –prevalidas de su impunidad, los instrumentos internacionales que protegen a la persona humana contra los abusos del poder.
En nuestro Panamá los autores de flagrantes violaciones a los Derechos Humanos perpetradas en las últimas décadas, han logrado escapar a las investigaciones y al juzgamiento correspondiente, hecho que pone de manifiesto no solo la ineficacia de los poderes públicos constituidos -después de la invasión- de los “gobiernos democráticos”, sino también la indiferencia de la mayoría de los ciudadanos ante las acometidas de la violencia y el terror. La impunidad reinante no sólo hace manifiestas culpables fallas por parte del Estado, también revela un creciente deterioro de la conciencia pública.
Recientes acontecimientos, como por ejemplo: la postergación del sistema penal acusatorio; la criminalización de la protesta, los numerosos crímenes no resueltos; la violenta represión a precaristas; el maltrato a los reclusos en las prisiones; la multiplicidad de demandas y amenazas a periodistas; los indultos ilegales; la remilitarización de la Policía; el uso irracional de la fuerza en Changuinola; las escuchas telefónicas por parte de organismos del Estado; son algunos ejemplos vivos de que en Panamá los enemigos de los Derechos Humanos están ganando cada vez más terreno.
Ahora, pretenden casar la Constitución con la reelección presidencial y, así, darle la espalda a cualquier posibilidad de democratización, de institucionalización. La reelección presidencial que pretenden las huestes de Martinelli, significa entronizar el caudillismo. Existirán entonces, menos posibilidades de expresarse sobre lo bárbaro del caudillo, porque no lo permitirán ni la barbarie del caudillismo, ni el propio caudillo bárbaro.
La Declaración Universal de los Derechos Humanos proclama que todos los seres humanos “deben comportarse fraternalmente los unos con los otros”, pero tanto en el desorden del orden mundial como en el nacional nos enfrentamos a dramáticos indicadores de que las relaciones de los pueblo y de las personas entre sí están lejos de ser generosas, solidarias y pacíficas.
En cada lugar de la tierra hay cada vez más gente que valerosamente se oponen a la injusticia y a la brutalidad, y corren muchos riesgos. En cada rincón de la tierra hay labios que denuncian los crímenes y atestiguan contra los criminales. Dígase lo que se diga, cada vez reina menos silencio en torno de los delitos de lesa humanidad y ello demuestra que algo ha empezado a cambiar en el mundo... E puor si move.
