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Los desafíos de la diplomacia preventiva entre China y Japón


Roberto Montañez (opinion@epasa.com) / PANAMA AMERICA

Durante los últimos 40 años las relaciones chino-japonesas sustentadas en el Tratado de Paz y Amistad de 1978, se han venido desarrollando bajo la visión pragmática de avanzar sobre coincidencias postergando las divergencias para abordarlas en forma serena y racional en aras de afianzar la estabilidad y tranquilidad en Asia Oriental. Además estas relaciones se han caracterizado por la tendencia en la cooperación pragmática en todos los terrenos desde intercambios culturales, educativos, académicos y deportivos, hasta la cooperación en la investigación para el ahorro energético, la protección medioambiental y la seguridad alimentaria.

En lo económico, Japón ha sido el mayor socio comercial de China con un volumen comercial bilateral del año pasado de 345,000 millones de dólares, como puede observarse se trata de dos economías altamente interdependientes que se han encaminado hacia la construcción de un Área de Libre Comercio. Incluso en junio pasado reemplazaron al dólar como moneda de reserva del mundo por el yen y el yuan para comerciar directamente, en un acuerdo bilateral con el que se ahorran hasta 3,000 millones en dinero estadounidense.

Cuando todo se proyectaba en armonía, una nueva amenaza se cierne sobre la paz en el sudeste asiático ante el interés de Japón de estatizar y ejercer control sobre el archipiélago situado en el Mar Oriental de China, 92 millas marítimas al noreste de Longji, compuesto por la isla de Diaoyu, los islotes de Huangwei y cuatro farallones. Este archipiélago que tiene reserva petrolera ha pertenecido a China desde la antigüedad y es considerado una parte inalienable de su territorio, así consta en el libro “Partida con el Viento” del primer año de Yongle de la dinastía Ming (1403) y nunca fueron catalogadas como "Tierra Nullius".

En 1895, al final de la Guerra Chino-Japonesa (1894-1895), un Japón victorioso se apodera de Taiwán, las Islas Diaoyu y demás islas afiliadas bajo la imposición del "Tratado de Shimonoseki". Tras finalizar la Segunda Guerra Mundial, de acuerdo a los términos de la Declaración de El Cairo y la Proclamación de Postdam, Japón renunció a todos sus derechos sobre Corea, Taiwán, las islas Kuriles, Sajalín y las islas y abandonó cualquier reivindicación futura sobre China y Corea. En efecto, China recupera a Taiwán, las Islas Penghu y otros territorios. En 1951, Japón y Estados Unidos, junto con otros países, firmaron el "Tratado de San Francisco", poniendo a las Islas Ryukyu (actualmente Islas Okinawa) bajo la administración de EE.UU. En 1953, EE.UU. recurre a una interpretación unilateral para extender su jurisdicción sobre el territorio chino de las Islas Diaoyu y sus islas afiliadas; mientras que en 1971, Japón y Estados Unidos al margen de China incluyeron a las Islas Diaoyu y otras islas como áreas revertidas del "Acuerdo de Reversión de Okinawa".

La actitud japonesa ha causado indignación en pueblo chino haciendo resurgir un nacionalismo con protestas multitudinarias demandando responsabilidades históricas de Japón sobre los daños infligidos tras la invasión a Manchuria, las compensaciones de guerra perdonadas por China, la asociación ofensiva con Estados Unidos, el asunto de Taiwán y el abandono indiscriminado de armas químicas que fueron utilizadas en territorio chino.

En estas condiciones, se precisa recobrara la confianza perdida recurriendo a la diplomacia preventiva para lograr un entendimiento, a fin de que se restablezca la armónica convivencia y que estas potencias asiáticas sigan construyendo relaciones estratégicas y mutuamente beneficiosas. A Japón le está vedado recurrir a las acciones de fuerza, así se desprende del Artículo 9 de la Constitución de 1947, que prohíbe expresamente actos bélicos por parte del Estado japonés, al renunciar a la guerra como derecho soberano, prohibiendo el acuerdo de disputas internacionales a través del uso de la fuerza.

A Japón, con apreciables y rentables inversiones en China, no le conviene una escalada de la crisis y está obligado a replantear su estrategia regional, reconociendo que el sentimiento nacional chino ha emergido para consolidar su soberanía territorial.

Resultaría inconducente invocar los instrumentos defensivos con EE.UU. inspirados en la política de contención hacia China. Los mecanismos militares de la OTAN, SEATO y TIAR han dejado de tener razón de su existencia, porque son rémoras de la Guerra Fría, cuyos fines no se compadecen con las nuevas realidades económicas, políticas y de cooperación estratégica de hoy. De allí, la necesidad de conciliar para encauzar una relación bilateral estable y prospera de ganancias compartidas que calme las tensiones y que salvaguarde la paz en Asia-Pacífico.

Analista Internacional.

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Martes 18 de agosto de 2026