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Los desafíos de la primera presidenta de Taiwán
Taiwán tiene a partir del viernes 20 de mayo a su primera presidenta mujer, la Dra. Tsai Ingwen. Cada cambio trae esperanzas. Sus respuestas a los enormes desafíos que enfrenta traerán repercusiones serias para Asia y el mundo.
La toma de posesión de Tsai, la jefa del hasta hoy opositor Partido Democrático Progresista (PDP), marca un nuevo hito en el desarrollo de la democracia en la República de China (RDC). Será la tercera transferencia de poder a un partido político distinto al saliente desde 1988. La democracia es aquí el único sistema de gobierno aceptable. Como dicen en inglés: “Democracy is the only game in town”.
Tsai Ingwen, de 59 años, proyecta un poderoso ejemplo para las mujeres de Asia. Cuenta con una larga experiencia en la política y en la administración pública. Posee, además, una educación esmerada. Tiene un doctorado en Derecho por la London School of Economics y una maestría en Derecho de Cornell (EE.UU.). Es una persona hecha con esfuerzo propio. No es la hija ni la exesposa de un hombre fuerte de la política.
El nuevo Ejecutivo enfrentará grandes presiones desde tres frentes.
CHINA. Pekín exige que Tsai acepte el llamado “consenso de 1992” y la premisa fundamental de ese concepto: la existencia de “una sola China”. El famoso consenso es un acuerdo tácito entre China y Taiwán alcanzado en unas negociaciones acaecidas en 1992, en el que las dos partes aceptan que existe “una sola China”, pero cada una tiene una interpretación diferente de su sentido.
La aceptación de esa premisa ha permitido el diálogo y la cooperación sin precedentes entre la República Popular China (RPC) y la RDC durante la administración del saliente presidente Ma Ying-jeou, (2008-2016), del nacionalista Kuomintang.
Sin embargo, es difícil para Tsai seguir la misma política sin ajustes. Detrás del categórico respaldo del 56% de los votantes, está el deseo de cambios en las relaciones con China, el temor a caer en una dependencia aún mayor del mercado chino y al aumento de una ya considerable influencia. Por otro lado, el DPP propuso en su plataforma inicial constituir una República de Taiwán.
Hasta hoy, Tsai – una hábil y pragmática negociadora- ha prometido mantener el estatus quo (no independencia y no unificación con China), pero no acepta ni rehúsa claramente el famoso consenso.
La postura pekinesa es invariable. No admite la posibilidad de una independencia de Taiwán que es vista como parte del territorio chino. La oferta fundamental para la isla es prácticamente la misma desde hace 3 décadas: “un país, dos sistemas”, como en Hong Kong.
La RPC es paradójicamente el primer socio comercial de Taiwán, y recibe el 40% de sus exportaciones. La industria taiwanesa está de lleno en el continente; dos millones de ciudadanos de la isla viven, trabajan, hacen negocios o estudian allá. Más de 3 millones de turistas chinos arribaron en 2015.
ESTADOS UNIDOS. Es el principal aliado de la isla. Aún se estima que es el garante último de su seguridad. Tras la victoria de Tsai, emisarios estadounidenses han transmitido el mensaje de que esperan que no haya actos de desafío o provocación a China. Washington desea “paz y estabilidad” en el Estrecho de Formosa.
Washington reconoce a la RPC y mantiene la postura oficial: hay una sola China, Taiwán es parte de China, y desea de que la resolución del conflicto se dé por medios pacíficos.
EE.UU. juega un juego de ajedrez geopolítico regional y mundial con China en el Asia-Pacífico. Las relaciones con Pekín experimentan tensiones importantes por los actos unilaterales chinos en el Mar del Sur de la China y en el Mar Oriental de la China, que involucran a varios actores regionales como Japón, Filipinas, Vietnam, Taiwán, Malasia y Brunéi. Por lo tanto, EE.UU. no quiere que Taiwán se convierta de nuevo en otro punto álgido conflictivo y se retroceda en la distensión lograda desde 2008.
OPINIÓN PÚBLICA. El triunfo de Tsai representó una reprobación a las políticas amigables con China de Ma y el KMT. El crecimiento económico de los últimos años ha sido muy bajo y amplios sectores de la población no perciben grandes beneficios generales de la apertura. El electorado que votó por Tsai quiere un cambio hacia la RPC.
Además, el nuevo gobierno enfrentará significativos problemas: lograr estimular el crecimiento; superar el estancamiento de los salarios; un déficit enorme de viviendas para la clase media y los precios astronómicos de los bienes inmuebles; reformas educativas y al sistema de salud.
Cualquiera que sea el rumbo de las relaciones China-Taiwán, ajustemos los cinturones a bordo. El viento augura turbulencias.
(*) Analista de asuntos Asia-Pacífico, Taiwan Fellowship Program 2016.