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Los deseos del pueblo se respetan


No cabe duda de que los errores se pagan muy caro, y los cometidos por la Junta Militar egipcia le han acarreado graves problemas de gobernabilidad.

El mandato del pueblo fue claro tras la caída de Hosni Mubarak el 10 de febrero de este año. La población le dio un voto de confianza a la Junta Militar para que en poco tiempo constituyera un gobierno de reconciliación que aglutinara las necesidades del pueblo.

Once meses después de la salida de Mubarak, la junta le ha dado largas a los cambios para un proceso democrático, lo que ha ocasionado que la población se tire a las calles exigiendo explicaciones y cambios urgentes.

La simple promesa de realizar elecciones parlamentarias este lunes es insuficiente para los egipcios que en la emblemática Plaza Tahrir, exigieron cambios constitucionales favorables para el país y no para que los miembros de la Junta Militar lograran prebendas, que les permitan evadir su responsabilidad como miembros de la administración de Mubarak.

Para el pueblo, la justicia exigida desde el 25 de enero es la misma que hoy los mantiene en las calles, sin el apoyo de grupos políticos grandes como el de Los Hermanos Musulmanes que han decidido quedarse al margen de estas protestas con el fin de proteger los comicios del lunes y el orden democrático.

Bajo estas circunstancias, el pueblo sigue teniendo la sartén por el mango, y los militares tendrán que dejar que los legisladores que se elijan en los próximos días den la cara propiciando el anhelado cambio constitucional que a la vez les permita llevar a cabo las elecciones antes del 30 de junio, como lo ha señalado la Junta Militar.

Los egipcios han dejado claro que con las peticiones del pueblo no se juega y que si es necesario dar la vida por ello, están dispuestos a correr ese riesgo, pues ellos dieron, en su momento, una directriz que debe ser acatada al máximo porque lo que se quiere es justicia y paz.