Los efectos de la naturaleza y la responsabilidad del hombre
En los últimos diez años, la madre naturaleza se ha mostrado enfurecida con prácticamente todo el país.
En 2003, sectores de Arraiján fueron anegados por las crecidas del río Aguacate. Un año después, el sector este de la capital viviría uno de los principales desastres que se recuerden, cuando varios ríos se salieron de su cauce y ocasionaron serias inundaciones que dejaron 17 muertos.
En 2008, Bocas del Toro y Chiriquí vivieron las inclemencias del tiempo en un triste evento que dejó incomunicadas muchas comunidades, además de dejar más de cinco muertos y el daño casi total de la carretera que une a ambas provincias.
Dos años después, Los Llanos de Chepo quedó literalmente “borrado” del mapa, cuando un temporal a inicios de diciembre cegó la vida de más de ocho personas, y ocasionó pérdidas materiales y de infraestructura en otros puntos como Portobelo, Colón y San Miguelito.
Ahora, en esta ocasión, el infortunio toca la puerta de panameños en Colón, que no ha tenido su mejor año, y parte de Panamá Oeste.
Lo coincidente de estos últimos eventos es que se han registrado entre finales de noviembre y comienzos de diciembre, cuando antes para esta época nos preparábamos para recibir la estación seca.
Pero es la realidad a la cual debemos adaptarnos y, sobre todo, prepararnos. No hay que ser expertos para concluir que detrás de la fuerza de la naturaleza, está la acción humana.
Solo basta con mencionar Prados del Este, Bello Amor y ahora se le suma Nuevo Arco Iris, en Colón. Ya es tiempo de que la seguridad vaya por delante del enriquecimiento de unos pocos.
Ya la tierra nos está cobrando, y con creces, la construcción en terrenos inapropiados, la mala calidad de los trabajos en infraestructuras públicas y la falta de castigo para los responsables de estos hechos.