Los efectos perversos de las moratorias en la CSS
Entre las más importantes contribuciones al análisis de la realidad de la Escuela Neoinstitucionalista, cuyo representante principal es Douglas C. North, está la idea de que las instituciones son reglas de juego que limitan la incertidumbre, a la vez que crean una estructura de incentivos que estimulan a los agentes económicas ha actuar en una forma determinada. En el caso de que dicha estructura coincida con los objetivos para los que se funda la institución se dice que la misma es adecuada, en caso que no lo haga se dice que estamos frente a una institución perversa. Este es el caso de las moratorias que diversas administraciones, en complicidad con el ejecutivo y el legislativo, han venido ofreciendo a los evasores y morosos de la CSS.
Esto es fácil de ilustrar con la utilización de un caso hipotético simplificado. Si una empresa, por ejemplo, tiene que pagar B/1,000,000 en cuotas a la CSS y tiene la seguridad de que en algún momento se dará una moratoria, entonces se genera un estímulo hacia la evasión y la mora. En efecto, la empresa puede utilizar dicho capital y obtener del mismo un beneficio anual que, por ejemplo, podría ser de B/ 70,000 si la tasa de beneficios es del 7%. Más adelante, digamos que en cuatro años, se da la moratoria, de forma que la empresa resuelve sus situación legal y se embolsa B/ 280,000. Estamos claramente frente a una forma de acumulación por desposesión ampliamente difundida entre los empresarios de diversos sectores, entre los que se destacan, entre otros, los dedicados al comercio y a la construcción.
En caso de concretarse una moratoria, como la que ahora están promoviendo quienes administran la institución, la CSS pierde los intereses que pudo haber obtenido, lo que contribuye a su descapitalización. También pierde el trabajador que durante el período en que se acumula la deuda carece de la protección de la seguridad social, incluyendo en esto los servicios de salud y maternidad. Más aún, la moratoria no solo puede atrasar el momento en que un cotizante, pese a haber cumplido la edad requerida, no logre jubilarse por carecer de la densidad de cuotas necesarias, sino que puede llegar, por esa misma razón, a frustrar definitivamente esta posibilidad. No menos cierto es que, además, se trata de un mecanismo que perjudica al empresario honesto y socialmente consciente que cumple puntualmente con sus obligaciones.
Más que moratorias la CSS necesita una política agresiva de inspecciones, que eviten la evasión, así como de cobros, que eviten la creciente moratoria. Además, resulta imprescindible endurecer la penalización financiera que, en la forma de multas y sobrecargos, debe recaer sobre quienes incumplan con sus obligaciones con la seguridad social. Desde hace ya tiempo hemos venido proponiendo que dichas penalizaciones se homologuen con el Código Fiscal. En este caso, al generar un importante disuasivo a violar le ley, se estaría promoviendo una forma institucional que alinearía mejor los incentivos de los agentes económicos con el interés social.
Economista.
