Los embarazos en adolescentes
Es inconcebible que la cifra dada por un medio de comunicación sobre los embarazos en adolescentes haya pasado desapercibida por otros medios, como si no importara en lo absoluto esta noticia. ¿Se dan cuenta de que los miles de embarazos en esa edad hablan muy mal de nuestra educación y del comportamiento de los padres y las escuelas? Desde luego que no es novedad en el sentido de que hace muchos años que presenciamos esta realidad y no hacemos nada. Más bien, se hizo una ley con la cual se premia a esas muchachas permitiéndoles continuar su asistencia a las escuelas, sin pensar en el mal ejemplo que significa para las otras compañeras, que ven como natural salir embarazadas si se les está facilitando la vida.
Lo peor es que esta situación va ligada a la recarga de hormonas, que a esa edad es alta. Pero es algo imperdonable que sus padres no le digan a sus hijas el cuidado que deben tener si se les presenta la oportunidad de tener relaciones sexuales. En algunos casos, sus madres, que no tienen una pareja estable, no dan el mejor ejemplo, y menos tienen la autoridad moral para llamarles la atención a esas hijas. En los casos en que sus padres formen una pareja estable, muchas veces trabajan ambos, ven televisión juntos, o hacen vida social juntos, sin ocuparse lo suficiente de sus hijos. Es una lástima que estas situaciones sucedan hasta ocupar una cifra tan alta, porque es irreversible y por lo tanto, la vida de esas adolescentes se complica. La mayoría de las veces los papás son muchachos de su misma edad y que no pueden mantener a ese hijo, y menos casarse con esa joven, que se ve desde muy temprano sujeta a vivir como madre soltera, con todos los inconvenientes que esto da.
Desde hace varios años vengo pregonando sobre las tres materias que deben ser obligatorias en nuestras escuelas: la educación vial, educación política y educación sexual. Pero pareciera que mi preocupación cae en oídos sordos, porque nadie hace nada por mejorar estos campos, por sentir una simple indiferencia hacia la realidad que se vive. Hace un tiempo se habló de un programa de educación sexual. Pero no fue aceptado por un sector de la comunidad con el perjuicio consiguiente. Desde luego, no era totalmente malo, pero encontraron que era más fácil eliminarlo completamente y así más nunca se habló sobre el tema.
Hace unos días leía que la educación sexual en este momento se limita a otorgar anticonceptivos y condones, sin otra enseñanza preventiva educativa. No dejan de tener razón quienes hacían estas críticas, porque los que así actúan, creen que es lo único que hay por hacer. Pues, estamos equivocados, porque eso solo incentiva las relaciones sexuales desmedidas, por un momento de satisfacción con consecuencias funestas.
Hace algunos meses vi en un diario una foto, tapada la cara, de una adolescente embarazada que declaraba su arrepentimiento de lo que le sucedió por un momento de satisfacción. Lástima que era tarde para pensar en esa forma, pero insisto en que nuestra juventud necesita mucho de nuestro cuidado, de nuestro cariño y comprensión.
Si bien es cierto que algunas madres no tienen la educación suficiente para conversar con sus hijas, repito que a los educadores sí les cabe esa responsabilidad. Pero si estudiamos en algo la situación, veremos que también existen algunas maestras que salen embarazadas y los alumnos saben que no están casadas ni tienen pareja estable. Entonces, con qué autoridad pueden orientar a esos muchachos, porque no solo ellas necesitan orientación, sino también ellos para que aprendan a ser menos machistas y a utilizar sus prevenciones, ya que muchos de los hombres piensan que usar los condones les quiebra la virilidad. Pues no, porque si son suficientemente machitos para tener relaciones sexuales con jóvenes, que lo sean para prevenir un embarazo que los marcará para siempre.
Ojalá se retome el tema de las tres educaciones, porque las tres son tan importantes que no podría obviarse ninguna. Es preocupante el alto índice de embarazos en adolescentes, como lo es la cifra de niños que nacen sin padre en el hogar. ¿Qué nos está sucediendo?