Los enigmas sobre Jesús
Para el siglo II, es decir del año 100 al 200 d.C., circulaban por las regiones de Egipto, Israel y Roma varias obras escritas que relataban los hechos asombrosos de la vida de Jesús.
La fina cultura greco-romana hace su aparición para entender los principios básicos del judaísmo que era la fuente de donde provenían las enseñanzas del maestro de Galilea; pero ciertamente para los europeos era difícil entender el misticismo y las razones sociopolíticas de los pueblos del Oriente, por cuanto la civilización nació en el Oriente Medio y tenían milenios de cultura y religiosidad, fundamentado en la escritura, en el caso de sumerios y egipcios y en un único texto en el caso de los israelitas.
San Ireneo de Lyon, toma de las diversas obras sobre la vida de Jesús, los evangelios actuales, Lucas, Mateo, Marcos y Juan, que eran los más sobrios y mejor estructurados para explicar la fe, que estaba transmitida a través de la escritura y no en tradiciones orales o repetitivas, como en el paganismo.
La imagen que tenemos de Jesús es la que San Ireneo, discípulo de Policarpo, aquel santo que conoció al apóstol y discípulo amado, Juan, recogió entre varias fuentes.
Para esa época, el cristianismo iba ganando más adeptos por cuanto poseía un conjunto de creencias universales, humanistas, piadosas y comunistas, que encontró en los esclavos, las mujeres, los oprimidos, una voz de aliento como jamás en la historia de la civilización se había dado. Por citar un ejemplo: para los egipcios antiguos, estos tenían que luchar por un solo fragmento del Libro de los Muertos, para ser enterrados con este; en el cristianismo el alma era la obra de Dios y todos los hombres fueron creados a su imagen.
Los hombres eran iguales ante Dios, solo tenían que amarlo y Jesús era el camino, una persona de carne y hueso que había existido en Israel, en la parte oriental del Imperio Romano.
Las estructuras mismas de Roma permitieron la rápida absorción, comunicación y multiplicación de las doctrinas cristianas, porque no solo transitaban productos, mercancías y tesoros por la Vía Apia, sino también las ideas, las cuales viajaron a todo el imperio en pocos años.
Para las muchísimas religiones de la época, todas tenían como centro héroes o dioses milenarios, que nadie conoció; Jesús era distinto, su historia fue contada en Roma por el mismísimo Pedro y Pablo; el primero relatando cómo lo había negado tres veces, y aun así lo había perdonado.
Había una referencia real, no era un relato mitológico, Jesús había vivido en esta tierra, solo una generación antes.
Su valentía para enfrentar el poder de Roma era una historia fascinante y ejemplar, tal como mencionó San Policarpo de Esmirna, antes de ir al martirio.
Así, ante el avance de las doctrinas de Jesús, Ireneo establece el primer canon cristiano, lo hace como un creyente, pero siendo racional y filosófico, no procede de manera subjetiva. También lo obligó las doctrinas del obispo Marción, que tras un exhaustivo estudio del Antiguo Testamento concluyó que aquel Dios no era el Dios de Jesús y mencionó las diferencias de las cuales solo han sobrevivido unas quince y aún hoy nos hace considerar sus postulados; eso obligó a crear el canon en el siglo II.
En el mismo siglo I aparecieron sectas cristianas; las más conocidas eran los gnósticos, los cuales proclamaban que el hombre está hecho de espíritu y de materia grosera, por ello nuestra alma se debate en seguir la luz o la oscuridad; por otra parte, el mundo que vemos es obra de un Demiurgo, no es obra de Dios, de ahí que toda la materia es mala; ergo, Dios no nos conoce, no puede hacerlo porque vive en una dimensión superior, solo nos conoce el hijo, de ahí según ellos, que Jesús dijese que Él era el camino.
También estaban los ofitas, que adoraban a la serpiente del edén; Docetistas, los cuales afirmaban para explicar la resurrección, que no hubo tal, ya que Jesús no murió en la cruz, solo su cuerpo aparente, su forma astral se burlaba de la crucifixión en un monte cercano. Existieron otras cantidades de comunidades y sectas que veían a Jesús desde su particular óptica, pero eso sí trataron de buscar sus verdades, de escudriñar su personalidad.
Toda esta explicación surgida unos cuantos años después de la Pasión, nos indica que el tema relacionado con la figura de Jesús nuestro salvador fue y seguirá siendo objeto de las más encendidas discusiones, controversias y fe.