Los escenarios que vienen
No es necesario ser adivino para afirmar que el escenario internacional del S. XXI, de ahora en adelante, será muy distinto del que hemos vivido hasta ahora. Imposible establecer cuál será la fisonomía precisa de ese mundo poblado de gigantes, que presionarán por la primacía en todos los campos, desde el económico hasta el político. Esperemos, por el bien de la especie humana, que esa competencia no se traslade, sin freno, al campo militar, aunque nadie puede asegurar que no será así, porque la estupidez humana es tan grande como su ingenio.
Por ahora, hay dos afirmaciones que, por axiomáticas se pueden hacer, sin ánimo de agotar el tema en veinte líneas ni mucho riesgo de equivocación: el futuro será mejor enfrentado por uniones o comunidades de naciones que acepten su diversidad y aprovechen un marco racional de cooperación y de lealtades estratégicas. El aislacionismo no pagará muy buenos dividendos.
Será crucial desarrollar la capacidad de manejar información realista y actualizada sobre las condiciones internas, los intereses reales o fingidos y las confrontaciones geopolíticas entre los gigantes en puertas: tener los ojos puestos en Estados Unidos y Europa, y en China, India, Japón Rusia y... Brasil. Sería una bendición que las Naciones Unidas pasaran a tener un rol más determinante, pero los buenos deseos no preñan. Luego es tiempo de contar con instituciones y recursos para una política internacional inteligente y de largos plazos.
