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Los estados fallidos


La reciente visita a Washington D.C. de Leonel Fernández ha dejado comentarios positivos por el contenido de sus expresiones que entrañan cabal conocimiento de la realidad continental.

Ese gobernante ha dicho que existe la posibilidad de Estados fallidos en Latinoamérica y el Caribe, debido al narcotráfico y al crimen organizado, junto al peligro de que esta proterva alianza degenere en terrorismo, por lo cual el problema más apremiante que se debe resolver es el de la inseguridad.

También ha enfatizado que es importante para Estados Unidos que entienda que hay dos frentes en esta guerra: uno contra el terrorismo y, otro, contra el narcotráfico en la región, a la vez que ha resaltado la necesidad de trabajar fuertemente y en cooperación para combatir de manera eficaz a los flagelos en referencia.

Este mandatario, distante de sectarismos políticos y contraproducentes novelerías como la del socialismo del siglo XXI, demuestra sus altas dotes de líder no solamente de su pintoresca patria, por ello, como verdadero estadista, busca el bien común y, al hacerlo, traza acertados caminos para enfrentar a las mayores plagas sociales del tiempo contemporáneo, que afectan, por igual, a los pueblos desarrollados como a los en vías de desarrollo.

Latinoamérica y el Caribe, en donde el consumo de prohibidas sustancias va en aumento, son rutas naturales para la expansión de las drogas ilegales y, consecuentemente, para sus delitos conexos. Casi todos los días, la prensa informa respecto a la captura de toneladas de alcaloides y de quienes se hallan inmersos en tan ruin negocio.

El espejo en el que se reflejan México y Colombia, agobiados por el narcotráfico y la virulencia armada, proyectan la exacta imagen de lo que puede acontecer a los países centroamericanos, sudamericanos y caribeños, en caso de bajar la guardia ante la arremetida de esos perversos adversarios cuyos turbios recursos, alimentados por el lavado de activos, consolidan abyectas actividades que infectan los cimientos de la sociedad.

Si los poderosos y anotados males son transnacionales, ya que no respetan fronteras ni soberanías, lo sensato, como lo ha manifestado el Dr. Fernández, es el recíproco y sincero apoyo entre los países; no hacerlo beneficia a quienes van por la vereda del delito.

La advertencia en torno a los Estados fallidos ha sido dada; hay que evitar que ello se produzca, a base de aplicar las recomendaciones efectuadas por el ilustrado presidente dominicano, en marco de libertad, democracia y respeto a los Derechos Humanos, que constituyen la atmósfera apropiada para la concordia y prosperidad de las naciones.

La visión de los gobiernos no debe ir hacia los Estados fallidos sino a los que cobija la paz, la seguridad y el progreso.