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Los Estados Unidos como ideal y trauma
La relación que tienen los intelectuales y políticos latinoamericanos y del Caribe con los Estados Unidos de América ha sido ambivalente desde su comienzo. Esta se mostraba en forma de admiración y rechazo, de miedo de ser amenazados, de intentos de intimidación y de una consciente delimitación. Por un lado, los EE.UU. eran vistos como la nación protectora frente a las amenazas europeas y, a la vez, como agresora; eran entendidos como una sociedad revolucionaria con raíces antiimperialistas, al igual que como imperialista hegemónico.
La identidad y la autoconciencia que se ha formado en América Latina también se ha dado siempre a partir de su relación con EE.UU., y al mismo tiempo que los EE.UU. fueron para América Latina y el Caribe –siendo eso más o menos admitido– el modelo de una sociedad burguesa que funcionaba; y por ello, los EE.UU. representaban a la vez el ideal y el trauma.
En la historia latinoamericana, hubo repetidamente momentos en los cuales sus élites se desesperaban de tal modo frente a la incapacidad por lograr un mínimo de orden político y de progreso económico en sus respectivas sociedades que la única solución que veían era la anexión por parte de los Estados Unidos para salvarse del caos. La “añoranza por la independencia” se extendía principalmente por los Estados y las provincias de la región caribeña. El caso más conocido fue el intento de la República Dominicana de anexarse como entidad federal adicional a los EE.UU., lo cual no resultó a causa de un empate de votos en el Senado estadounidense en el año 1870.
Mientras que los EE.UU. lograron desarrollarse de un Estado agrario de poca importancia y de un “enano militar” hacia una potencia mundial económico-militar durante el siglo XIX, en ningún lugar de América Latina se produjo un suceso similar. Si México ya había conocido la dinámica estadounidense durante los años 40 del siglo XIX, en la guerra por Texas, que le costó casi la mitad de su territorio, para el resto de América Latina fueron principalmente la guerra hispano-estadounidense de 1898 y la separación panameña de Colombia, apoyada por los EE.UU., incidentes claves que produjeron un cambio en la postura frente a EE.UU.
Con la intervención militar en el Caribe y en Nicaragua durante la Primera Guerra Mundial y nuevamente en los años 20, los EE.UU. se instalaron como potencia hegemónica en América Latina y el Caribe.
LA ADMINISTRACIÓN MILITAR DE LOS EE.UU. HIZO MÁS POR EL SISTEMA DE LA EDUCACIÓN Y DE LA SALUD EN CUBA QUE MUCHOS DE LOS GOBIERNOS ANTERIORES. FUERON JUSTAMENTE LOS OCUPANTES ESTADOUNIDENSES QUIENES DURANTE LA INTERVENCIÓN DE 1914 EN VERACRUZ (MÉXICO) LES QUITARON A LOS BUITRES SU OFICIO DE RECOGER LA BASURA DE LA CIUDAD, Y FUERON MÉDICOS NORTEAMERICANOS QUIENES ACABARON CON LA FIEBRE AMARILLA EN CUBA Y PANAMÁ.
Para los latinoamericanos, tal vez ni siquiera la supremacía militar y económica haya sido la causa específica para su experiencia humillante. El concepto estadounidense del “destino manifiesto” fue una impertinencia en especial para los vecinos territoriales, considerando que la retórica norteamericana no tomaba en cuenta consideración con sus vecinos sureños: la enmienda de Roosevelt a la doctrina de Monroe 1904 entre naciones civilizadas y otras.
Esa era una forma discursiva común también en Europa de aquellos tiempos, pero para América Latina tenía un significado fatal, ya que el Gobierno estadounidense formulaba su derecho a garantizar el orden en representación de las “naciones civilizadas” en América Latina, en caso de un “crónico comportamiento desapropiado”. En la lucha entre la civilización y la barbarie, los países latinoamericanos se vieron de pronto del lado de la barbarie sin diferenciación alguna, una barbarie de la cual uno se había tratado de liberar durante tanto tiempo.
Y los EE.UU. no se limitaron a lo retórico. La administración militar de los EE.UU. hizo más por el sistema de la educación y de la salud en Cuba que muchos de los gobiernos anteriores. Fueron justamente los ocupantes estadounidenses quienes durante la intervención de 1914 en Veracruz (México) les quitaron a los buitres su oficio de recoger la basura de la ciudad, y fueron médicos norteamericanos quienes acabaron con la fiebre amarilla en Cuba y Panamá. Fue muy doloroso ser confrontado de esta manera con la ineficacia de las propias administraciones y de las élites políticas.
Las reacciones frente a estas impertinencias y retos han sido variadas en América Latina y el Caribe, y se mostraron de distintas formas bastante contradictorias durante el pasado siglo XX.
*Pedagogo, escritor, diplomático