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Los extramuros del Casco

Por: Redacción 17/06/2017

A pesar de la perseverante lucha contra el desorden y el reloj, sin el menor titubeo el atractivo turístico de la ciudad de Panamá se realza con vivarachas actividades, cada vez más originales en el Casco Viejo. Fue hace dos décadas, que la Ley 9 de 1997 creó los incentivos fiscales para la metamorfosis de esta pequeña Venecia dentro del Manhattan tropical citadino, pequeño enclave, cuya arquitectura refleja un amasijo que tapiza cuatro siglos de colonialismo francés y español.

En su momento, por lo generoso de los incentivos, se esperaba una expedita transformación. A falta de una clara dirección, el área que comprende fue objeto de múltiples especulaciones, por lo que aún permanece a medio palo, como un ejemplo de lo que debemos purificar en futuros emprendimientos de la misma naturaleza.

En enero de 2010, el afamado chef viajero Anthony Bourdain develó el video sobre su visita a Panamá, que inaugura la temporada de sus programas NO RESERVATIONS, con muestras de variables gastronomías. La grabación istmeña captura el #2 de los primeros 100 capítulos alrededor del mundo.

Su anfitrión local fue mi querido primo de raíces antoneras, el chef Julio Pasco Villalobos. En su rodaje por el Istmo resalta una invitación a cocinar en el restaurante Kwang Chow en pleno Barrio Chino, allí en Avenida B, original refectorio poco conocido y frecuentado por citadinos exceptuando los habitantes del área. Esa visita de Bourdain sirvió más para la venta del Barrio Chino que cualquier otra publicidad. ¡Cocotazos merecemos los que ignoramos la gema que, a pesar de su desaliño, brilla en ese enclave oriental!

Fue William Aspinwall, el empresario neoyorquino responsable por la construcción del ferrocarril de Panamá entre 1850 y 1855, quien introdujo al Istmo los primeros inmigrantes chinos para su montaje. A partir de entonces, las presencias de estas dinámicas abejas han remozado el lienzo del Homo sapiens panamensis. Noble sería que al inicio de nuestras relaciones diplomáticas con la República Popular China quede plasmado un proyecto en firme para levantar en el sitio un cuadro que bien refleje la cultura, el empeño y la gastronomía china en la ciudad de Panamá.

Trasladarnos al aledaño barrio de Santa Ana, poco a poco damos forma al acto primero para la develación de lo que promete ser el próximo plato fuerte para nuestro alicaído turismo. La iglesia de Santa Ana y su contiguo parque merecen una transformación que resalte su antiguo esplendor. El Café Coca Cola merece nuestra atención por ser un patrimonio universal. Al visitar la sede y museo de Coca Cola en Atlanta, allí recalca el hito que la primera subsidiaria internacional de la empresa del brebaje más famoso fue Panamá. Bien valdría la pena su remozamiento reinventando el sitio como era a inicios del siglo XX, con estantería y muebles en fina caoba para que sirva como un sediento magneto al turista.

El aledaño Bazar Francés se convierte en la sede del Museo del Café de Panamá, donde las empresarias Mercedes Morris y Adriana Cepeda pretenden presentarnos no un museo tradicional, sino un sitio de visita obligatorio con su palpitante aroma donde la cata del mejor brebaje en el mundo, producto de nuestras tierras altas, se convierta en su mayor atractivo, enriquecido complementariamente por una pastelería, confitería, licorería y bodega de finos productos afines, que resalten los sabores de nuestro particular empeño.

Y por ahí nos vamos a la Plaza 5 de Mayo, reinventando la potencialidad de nuestra historia en un paraíso tropical que incorpore el tranvía como medio de transporte, el corazón peatonal de la capital. ¡Oportunidad única para aprovechar al máximo la creatividad en el abrir del telón del nuevo escenario turístico istmeño!

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Miércoles 15 de julio de 2026