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Los fallos que le fallan a la naturaleza


Adelita Coriat (opinion@epasa.com) / Periodista

Hace 90 años la gente podía bañarse en las cristalinas aguas del río Curundú, su agua se bebía, incluso se vendía en barriles.

Hoy día solo pasar por ahí es nauseabundo, impensable meter un dedo. A lo largo de la vida republicana la ciudad gozó de abundante vegetación y ríos sanos. Poco a poco sufrió una gran deforestación producto de la migración de las poblaciones rurales y las fuentes naturales de agua se contaminaron, gran parte de la vegetación ha ido en merma producto de la urbanización.

Un ejemplo de esa devastación son los manglares. Antes contábamos con más manglares que todos los países centroamericanos juntos. Forman parte de los bosques más críticos en los trópicos, son una gran arca de Noé donde depende la pesca artesanal, además de funcionar como un rompeolas natural, sobre todo en momentos donde los glaciares se derriten y las aguas suben.

Los manglares ayudan con sus raíces a formar tierras nuevas, son un gran aire acondicionado, un pulmón en plena ciudad, y a pesar de todo esto se considera como algo sucio. Ahora debatimos el crecimiento de la ciudad a costo de los humedales.

Esta gran riqueza natural empieza a mostrar su languidez en el aeropuerto internacional que se inunda con frecuencia, por consecuencia los vuelos han debido desviarse a otros países vulnerando nuestro centro logístico. El fallo de la Corte que levantó la condición de área protegida a la Bahía de Panamá, aunado a la resolución de la ARAP que baja sustancialmente la penalización económica de la tala de mangle ponen en riesgo una gran riqueza natural y la sostenibilidad de nuestro desarrollo humano.

Con este panorama, cada vez se hace más necesaria una planificación rigurosa sobre los espacios y la conservación de nuestra riqueza natural. Sume a esto otros factores; los estudios de impacto ambiental tienen dos grandes defectos. El primero es que con el cambio de legislación se eliminaron estudios de impacto ambiental esenciales para transformarse prácticamente en declaraciones juradas. Segundo, desde el punto de vista técnico los estudios abarcan hasta una porción y dejan a un lado gran parte de la infraestructura. Es decir, otros puntos importantes como la recolección de la basura, las carreteras, centros de salud o comercios no son considerados dentro de los impactos ambientales. Por ende, son necesarios estudios de evaluación estratégica que consideren la valoración simultánea e integral de un proyecto. De esa forma prevenimos desastres naturales y logramos un desarrollo sostenible con equilibrio entre el crecimiento y el ambiente. Hagamos conciencia sobre la importancia de nuestro ambiente.

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