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Los fantasmas de Evo Morales


Después de casi cinco años de gozar de la aceptación popular, el presidente de Bolivia, Evo Morales, enfrenta una de las peores crisis políticas, provocada por la construcción de una carretera  que iba a dividir un parque natural.

A ello se le sumó el disgusto de  la población que no se quedó callada por la forma tan brutal   como la Policía  reprimió a  los indígenas que se consideran los llamados a defender todo lo que la madre naturaleza les regala.

Este hecho  causó la renuncia de la ministra de Defensa, Cecilia Chacón,  y del ministro de Gobierno, Sacha Llorenti, y de otros funcionarios  que estaban en desacuerdo con las medidas adoptadas y aseguraron que lo primordial como funcionarios era proteger a la población y eso no se había cumplido.

  Los manifestantes en los últimos días le han recordado al presidente Morales que el cargo que alcanzó lo obtuvo luchando en las calles contra la corrupción de los gobiernos tradicionales.

 Le recuerdan además que la población siempre lo ha considerado un símbolo que encarnaba principios de justicia y de derechos humanos, que hoy ha olvidado.

  Las manifestantes después de la represión han logrado el apoyo de la Central Obrera Boliviana, de donde salió Evo Morales, y están dispuestos a hacerse sentir para que el mandatario deje sin efecto, de una vez por todas, el proyecto carretero que está acabando con uno de sus valores naturales más preciados.

     La situación que hoy enfrenta Evo Morales tiene que traerle recuerdos de cuando él luchaba por la democracia de  su país y la fuerza que tiene la Central Obrera y la población boliviana para hacer cambiar el rumbo de un país cuando sus políticos se están equivocando en su manera de gobernar.

Las advertencias  hay que escucharlas y Evo Morales debe tomar nota del clamor de la población cuando defiende a sangre y fuego lo que le pertenece.