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Los fraudes electorales

Por: Redacción 18/03/2014

Nuestra historia política partidista siempre ha estado revestida de vicios y escándalos, aunado a la injerencia de la política norteamericana, lo que ha empañado casi todos los torneos electorales y burlado de esta manera la sagrada voluntad popular. Algunos datos aseguran que en 1931 se dieron las primeras elecciones ordenadas, en las que resultó triunfador el Dr. Harmodio Arias Madrid, y las últimas, en el año 1960, organizadas por Ernesto de la Guardia Jr. y ganadas por Roberto F. Chiari. Posteriormente, vino el periodo de la dictadura torrijista que dio al traste con lo poco que se había logrado en materia de transparencia y democracia.

Los fraudes electorales se han dado en todas las latitudes y no necesariamente estando en el gobierno. Registros históricos revelan episodios de partidos y coaliciones de grupos políticos que, desde la oposición, han alcanzado el poder de forma fraudulenta. Esta historia probablemente haya cambiado después de la caída de los militares. Sin embargo, nadie puede predecir que se sigan contando los votos de forma prístina en los siguientes comicios electorales y volver a esos tiempos de la “patria boba”, en los que participó la misma gente que hoy pregona solvencia democrática sin la mínima autoridad moral.

REGISTROS HISTÓRICOS REVELAN EPISODIOS DE PARTIDOS Y COALICIONES DE GRUPOS POLÍTICOS QUE, DESDE LA OPOSICIÓN, HAN ALCANZADO EL PODER DE FORMA FRAUDULENTA.

Independientemente de la reconocida labor organizativa en los últimos torneos electorales (al menos en el conteo de votos para presidente), siempre ha existido duda acerca de la escogencia de los magistrados del Tribunal Electoral y demás componentes, en cuanto a su origen o corresponsalía con partidos e ideologías políticas, tanto del Gobierno como de la oposición, aunque admitan haber renunciado. La experiencia revela que después que salen de tan privilegiado puesto, retornan, pública o solapadamente a sus partidos a hacer campañas para promoverse nuevamente.

El Tribunal Electoral debería tomar una postura más beligerante en razón a la docencia y sensibilización de una sociedad que ya se está acostumbrando a vivir en democracia y probablemente descuide algunos detalles, que el mismo proceso requiere fortalecer día tras día. Tiene que ir pensando en cómo contabilizar más eficientemente los votos de todos los candidatos (presidente, diputados, alcaldes y representantes de corregimientos), y acabar de paso con el morbo sobre los posibles arreglos que surgen (para la elección de diputados, alcaldes y representantes de corregimientos), después de saber quién es el nuevo presidente de la República.

CORRESPONDE A ESTA SOCIEDAD RECLAMAR LOS ESPACIOS DE PARTICIPACIÓN Y SER MÁS BELIGERANTE EN CUANTO A LA CONFORMACIÓN Y ACCIONAR DEL ÁRBITRO ELECTORAL. DE AQUÍ DEPENDERÁ LA CREDIBILIDAD Y HONRA DE LA ÚNICA INSTITUCIÓN DEL ESTADO ENCARGADA DE CONTAR LOS VOTOS Y GARANTIZAR LA CONVIVENCIA CIUDADANA.

Como órgano supremo responsable de hacer valer la voluntad y dignidad popular, sus jerarcas deberían abstenerse de dar opiniones en público con sentidos subjetivos, a favor o en contra de ninguna tendencia. Volver con este comportamiento superado en torneos anteriores siembra la suspicacia de retroceder a épocas cuando los intereses mezquinos estaban por encima del querer de las mayorías. La deficiencia en relación con la depuración y actualización del padrón electoral podría interpretarse como una de las diferentes formas de fraude electoral o patraña desde adentro.

No hay dudas de que la mayoría de los panameños anhelamos vivir en una democracia plena, cimentada en el principio de la voluntad popular con la colaboración ordenada de los partidos políticos. Corresponde a esta sociedad reclamar los espacios de participación y ser más beligerante en cuanto a la conformación y accionar del árbitro electoral. De aquí dependerá la credibilidad y honra de la única institución del Estado encargada de contar los votos y garantizar la convivencia ciudadana.

Sobre este tema se pronunció el Dr. Carlos A. Mendoza, en la Estrella de Panamá de 1912: “Estimo que la ley sobre elecciones populares necesita de reformas sustanciales que faciliten y aseguren, con la mayor pretensión, la efectividad del sufragio universal. En los pueblos y países libres, son los comicios el más alto jurado, por medio del cual se dedican o ponen en vía de solucionarse de un modo pacífico las más graves cuestiones que interesan al bienestar común; entonces aminorarán los elementos morbosos que suelen perturbar la marcha de la sociedad política, especialmente en su periodo de incipiente formación, y la vida nacional transcurre fácil y progresiva, y dado es contemplar el hermoso espectáculo de la ley, del orden y la libertad”.

 

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