Los frutos de nuestro currículum
En nuestro país, la discusión sobre el contenido del currículum que se imparte a nuestros niños y jóvenes pareciera ser, como es propio de una sociedad light , un tema menor, de poca importancia, que solo compete a los educadores y al Ministerio de Educación. Pues no, debe saberse que el tipo de currículum que se desarrolla es, sin dudas, uno de los temas más trascendentes que debe acordar cualquier país que se considere civilizado. En el currículum se define qué materias se han de incluir, qué contenidos se han de impartir y cuáles son las competencias que se deberán alcanzar.
Se trata, entonces, nada menos que del tipo de ser humano que se formará para el presente y futuro cercano. Cuando se plantea este tema, saltan de inmediato nuestras lumbreras del patio para decirnos que ¡hay que actualizarnos! ¿Y qué significa actualizarnos?
MÁS IMPORTANTE QUE EL “HACER”, ES LA FORMACIÓN DEL “SER”; QUE MÁS IMPORTANTE QUE EL “SABER”, ES LA ACTITUD PARA EL “CONVIVIR”; QUE MÁS IMPORTANTE QUE EL CÓMO SE “APRENDE”, SON LOS CONTENIDOS DEL “QUÉ SE APRENDE”.
Pues dada la incapacidad de generar propuestas educativas originales, no hacen otra cosa que copiar recetas de algún informe o conferencia de determinados autores con apellido inglés; malsana costumbre que revelan los complejos de nuestros académicos.
Actualizarnos no es otra cosa que incluir la tecnología en la enseñanza, aumentar las horas de inglés, disminuir las horas de historia y reducir los niveles de dificultad y complejidad de los contenidos. Lo importante, nos dicen, es que el chico sea competente y funcional. Si supiesen cuánto pesar y angustia causan estos planteamientos para aquellos que sabemos el tipo de individuo que se está forjando; planteamientos que tristemente hoy son llevados a la práctica y son asumidos por los padres como la gran panacea en el aprendizaje de sus hijos.
Es el momento de que se deje consignado que más importante que el “hacer”, es la formación del “ser”; que más importante que el “saber”, es la actitud para el “convivir”; que más importante que el cómo se “aprende”, son los contenidos del “qué se aprende”.
El fruto de un currículum que tiene como fundamento y fin la instrumentalización del individuo para que sea eficiente productor de servicios, ya lo tenemos con nosotros y no hay que ser un genio para precisar la descripción del perfil de nuestros egresados.
LOS CONOCIMIENTOS Y LAS DESTREZAS SE PUEDEN ADQUIRIR EN CUALQUIER MOMENTO DE LA VIDA, PERO LA FORMACIÓN DEL INDIVIDUO ES UN PROCESO LARGO Y MUY DIFÍCIL DE REVERTIR, EN EL QUE ADEMÁS DE LA FAMILIA, INTERVIENEN LA ESCUELA, LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN Y LA COMUNIDAD.
Se trata de profesionales muy tecnologizados, pero no verbalizados y mucho menos escribientes. Conocen algo de su campo profesional, pero desconocen con toda seguridad la historia de sus antepasados más cercanos y desconocen aún mucho más la historia de su país y del mundo. Están al tanto de la vida de los artistas del momento, pero desconocen el nombre de aquellos que forjaron nuestra nación.
Son jóvenes indiferentes al problema o dolor ajeno, sin fe en un Dios ni en un ideal, sin amor a la patria ni a sus semejantes que bregan por nuestras calles prisioneros de una especie de espejismo mediático que los aliena y los hace inconscientes de la realidad oculta. Y aunque hay afortunadamente una minoría que lucha por sacudirse de esta corriente avasalladora, preguntamos a los tomadores de decisión: ¿de qué nos sirve contar con médicos muy competentes, pero deshumanizados; abogados elocuentes, pero mentirosos; contadores eficientes, pero deshonestos; banqueros habilidosos, pero ladrones; comerciantes prósperos, pero engañadores; funcionarios puntuales, pero negligentes; políticos muy amistosos, pero farsantes? Ese es el producto de un currículum que solo se centra en instruir, pero no en formar.
El problema es que si al menos los valores éticos se pudiesen adquirir con facilidad, como se adquiere cualquier título en el presente. No, lamentablemente, no; los conocimientos y las destrezas se pueden adquirir en cualquier momento de la vida, pero la formación del individuo es un proceso largo y muy difícil de revertir, en el que además de la familia, intervienen la escuela, los medios de comunicación y la comunidad. Si al menos lográsemos que la escuela y la familia se comprometiesen con la formación ética del individuo, habría razones para llenarnos de esperanzas, de contar en el futuro, con una sociedad de hombres y mujeres, mejores y diferentes a los actuales.