Los gastos crecen al ritmo del tranque
Salir rápido de un congestionamiento vial no tiene precio. Sin embargo, varios minutos de retrasos acumulados día tras día representan muchas veces una penalización para el empleado en las empresas, y eso sí tiene precio.
Los cálculos empiezan a fallar; antes un ciudadano estimaba que salía de su casa 20 minutos antes de lo requerido para llegar a su trabajo y lograba ganarle al tranque, ahora la demora dependerá de lo que organice o improvise el Ministerio de Obras Públicas, la Autoridad de Tránsito y Transporte Terrestre, la Policía y sus retenes y, porque no, agregarle las obras del Metro.
Lo peor es que si solo se perdiera tiempo, quizás el ataque de cólera y el dolor de cabeza serían menores, pero a eso hay que agregarle que se consume más combustible de lo normal en una ciudad amurallada por automóviles en todas las vías, lo que redunda en mayores beneficios para las gasolineras y otro golpe al bolsillo del panameño.
Y todo sería menos doloroso si la gasolina o el diesel no tuvieran un cambio de precio cada cierto tiempo, precios que cuando bajan lo hacen un centésimo y a la hora del alza se disparan 15 centésimos y más.
La ciudad es un caos, pero las agencias que venden autos no resienten en lo más mínimo lo que sucede; lo cierto es que ellas no tienen la culpa, total, al cliente el auto que quiera, no importa que ya no exista calle por donde ponerlo a rodar. No obstante, las autoridades si tienen culpa. Y es que el Metro es necesario la reparación de las calles también, pero para eso se necesita planificación y es obvio que esta nunca se hizo dentro de los estudios para los proyectos viales que se desarrollan en el presente.
La realidad es que no planificar está teniendo un costo para el bolsillo de los panameños, además de producir cansancio que puede disminuir la eficiencia en el trabajo.
