Los Goya (I)
Querido Director,
Estoy seguro de que cuando Usted visita España tiene como visita obligada el Museo del Prado, una de las tres o cuatro grandes pinacotecas del mundo y que gracias a sus últimas ampliaciones ha conseguido que en sus almacenes y sin exponer, queden “solo” 6,000 cuadros. Recorrer museos es siempre bastante cansado y todos hemos cometido el inmenso error de visitar ciudades, sobre todo italianas, que son en sí un museo. Por eso, los ricos o estudiosos o gente culta que renuncia a parte de la vida material, son afortunados a poder dedicar el tiempo necesario y con mucha calma a visitar las obras de arte que están en museos.
Si hubiese que elegir dos grandes colecciones de las que atesora el Prado, serían, sin duda las de Velázquez y Goya. Fue Goya un gran pintor del s. XVIII y que extendió su magisterio hasta bien entrado el s.XIX, constituyéndose en una especie de “notario”, dando fe de cincuenta años de vida española en tres de sus grandes facetas: la realeza, la aristocracia y el pueblo llano. A estos tres estamentos los pintó y retrató con tal realismo y a la vez tanta intención, que hoy basta ver el retrato del Rey Borbón, Carlos IV para hacerse una idea muy exacta de qué tipo de persona era y sobre todo, cuánto talento le faltaba para poder ser rey de España. El caso contrario, pasa cuando se contempla el retrato de su hijo Fernando VII, Borbón también, que en su felonía y maldad llegó a vender el Reino de España y sus colonias a Napoleón Bonaparte. Alrededor de decenas de retratos del rey y la familia real al completo, se movía una aristocracia que intentaba imitar a la francesa, que también fue muy bien retratada.
Sobre el pueblo llano tuvo la oportunidad de pintar, aunque no los vio, los fusilamientos y atrocidades de los franceses en Madrid al reprimir el levantamiento militar-popular del 2 de mayo de 1,808, donde dio comienzo la Guerra de la Independencia, que conllevó para España dos hitos únicos: fue la primera guerra que perdió Napoleón y España pierde, en escasos 15 años, su inmenso imperio americano.
Este pasado domingo se han entregado en el Teatro Real de Madrid los premios Goya, que son un intento de imitar a los Oscar de Hollywood, pero referidos, como es lógico, al cine español. Esta fue la XXV edición y con ese motivo y a pesar de la grave crisis económica que padecemos, el Ministerio de Cultura amplió en un millón de euros el presupuesto, y sólo el presentador, cobró trescientos mil. La parafernalia es hollywoodiense, pero en paleto y así, nuestras actrices que durante el resto del año van vestidas de harapos y pañuelos palestinos, aparecen todas con traje largo diseñados por famosos modistos, altísimos zapatos y recién llegadas del salón de belleza. Al no tener costumbre en este nuevo “look”, se producen bastantes caídas y sobre todo, una obsesiva preocupación por cómo quedan los escotes. Los hombres van inexcusablemente todos vestidos de negro, incluidas camisa y corbata, si es posible de Armani o Gucci e intentando parecerse a George Clooney.
El cine español que partiendo de cotas bajísimas, perdió el año pasado siete millones de espectadores, intenta equivocadamente brillar a base de que el 80% de sus producciones tengan como tema central la Guerra Civil de 1936-39, eso sí, indefectiblemente en todas las películas los buenos muy buenos son los republicanos y los malos malísimos son los franquistas.
Atentamente,
