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Los homicidios, una epidemia en nuestro país


La inseguridad en el país avanza a ritmos peligrosos.
Un homicidio se comete cada 12 horas. De continuar este panorama a fin de año, no solo superaremos los 712 cometidos el año pasado, sino que alcanzaremos el grado de epidemia con más de 840 homicidios.

El problema se complica cuando las cifras contravienen las promesas de campaña y los ciudadanos se perciben cada vez más vulnerables al hampa, o en el peor de los casos ante la muerte misma. La génesis de esta historia nace en la corrupción gubernamental, un sistema judicial ineficaz y redes sociales percudidas. Las actividades ilegales generan altísimos niveles de rentabilidad que no generan las legales.

Muchas veces se hace imposible distinguir hasta donde son legales las actividades que dominan las elites, sin embargo, a nivel del ciudadano común donde las personas tienen un empleo y cuentan con servicios de salud, educación o vivienda precarios delinquir tiene un alto incentivo. Si a eso agregamos que tan solo un 2% de los homicidios alcanza una condena entonces hablamos de la combinación perfecta.

Aun los conceptos de seguridad ciudadana no están claros, por lo tanto las políticas en esta materia son reaccionarias y represivas, no preventivas. En este renglón es necesario contar con una política criminológica integral que tenga un ente rector y coordinador capaz de llevar en paz los protagonismos y cuotas electorales que impiden el desarrollo de una política integral que supere algo mas que una cancha de fútbol con balones y uniformes con el nombre “donante”.

El sistema penitenciario del país se aborda como tema aislado, donde se esconde el mal. Donde la solución más frecuente es hacer más cárceles para evitar la saturación de reos. No obstante, se privilegia el encarcelamiento sobre la resarción a la víctima y sobre la represión. El sistema penitenciario no se va a desahogar hasta que funcione el sistema de justicia penal, pues al final del camino ni se castiga como debe ser a quienes nos hacen daño, y tampoco se restituyen los derechos de los afectados. El 60% de quienes recuperan su libertad vuelven a delinquir, no hay muestra más clara del fracaso a estas políticas.

Es necesario hacer un giro rotundo en la forma en que atacamos la inseguridad, pues al paso que vamos pronto superaremos todos los índices habidos, luego entonces ante la desesperación, el Gobierno reaccionará con leyes ridículas como bajar el índice de imputabilidad una vez más para calmar las ansias de la ciudadanía pero muy lejos del verdadero paliativo.

Periodista.