Los Impuestos (I)
Querido Director,
Lea con atención esta frase: “Vamos a retocar al alza los impuestos, pero no con afán recaudatorio, sino de equidad”. Aunque parezca increíble, ha salido de la boca de una Ministra española, en este caso, la de Economía y Hacienda, Sra. Salgado. Debemos de suponer que como los impuestos suben, pero no con afán recaudatorio, lo que se recaude de más, se entregará inmediatamente a las organizaciones caritativas que están paliando, como pueden, las necesidades de 2 de los casi 5 millones de parados que tenemos en España y si además se hace por equidad, será para que los que menos pagan, paguen más y todos se igualen. La señora Salgado, que no es economista y jamás vio un libro de economía, administra nuestro desastre fiscal y ha encontrado una fórmula mágica para pasar del actual 13% del PIB al 3% en 4 años, y no es otra que subir drásticamente todos los impuestos que en España soportamos y que le quiero recordar, querido Director, que si el españolito medio se aplicase estrictamente las Leyes Tributarias, pagaría en impuestos, el 74% de todos sus ingresos y aún así, en el caso de que se hubiese olvidado ingresar 1 euro, la sanción mínima es de 300 euros.
Desde que los impuestos son votados por cámaras legislativas y en el caso de España nos remontamos a las llamadas Cortes de los siglos X y XI, el pueblo llano, que no nos engañemos, es el que soporta el 90% del esfuerzo fiscal, aspira a que ese dinero que entrega al Estado, no de buena gana y muchas veces a la fuerza, se invierta en servicios sociales e infraestructuras. Podría suponerse que los 195,000 millones de euros de déficit español se ha producido porque se han invertido en carreteras, educación, sanidad o quizá que nos hemos unido al club de los países que pueden llegar a la Luna o a Marte. Pero no. Este déficit generado en los últimos 6 años ha sido fundamentalmente como consecuencia del aumento del gasto corriente, no inversor y lo único que ha conseguido ha sido el aumento en 600,000 del número de trabajadores de las instituciones públicas.
El gasto corriente español, que está cuantificado por el Tribunal de Cuentas, incluye haber regalado 20,000 millones de euros en supuestas ayudas al desarrollo y subvenciones a ONGs, que en muchos casos, sólo tienen un papel con la dirección postal; la compra y mantenimiento de varios miles de coches oficiales nuevos, algunos como los del Alcalde de Madrid (PP) o el del ex Presidente de Galicia (PSOE) han costado 700,000 euros cada uno; los aires de grandeza en Europa y Estados Unidos que han hecho que este Gobierno multiplicase por 12 los efectivos militares fuera de España y su consiguiente gasto y por fin, aunque sólo sea anecdótico en la cuantía , pero sí revelador por sus consecuencias, el pago de 8 millones de euros a los delincuentes islámicos de Al Qaeda, que secuestraron a unos cooperantes españoles en Malí. Además de demostrar nuestra debilidad de gobierno, este personaje de apellido Zapatero, debería pensar que con ese dinero, los terroristas financiarán nuevos atentados, por lo que es de lógica proponer que a los gobernantes que aprueban el pago de rescates a terroristas, se les declare penalmente cooperadores necesarios de los siguientes atentados y puedan ser juzgados ante el Tribunal Penal Internacional de La Haya, donde por cierto, se ha refugiado nuestro ínclito juez Garzón, como consultor externo y amparado por un juez argentino amigo. Atentamente,
