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Los Juan Pablos (II)


Querido Director,

Convendrá conmigo en que fue el Papa polaco, Juan Pablo II, quien marcó toda una época y una forma de actuar en la Iglesia Católica en los últimos dos siglos y eso que hubo Papas como León XIII o los Píos (XI y XII), por no hablarle de Juan XXIII y su Concilio Vaticano II. Durante sus primeros cincuenta años, que pasó en su Polonia natal, vio cómo su patria fue invadida, primero por los alemanes y rusos en 1939 con motivo de su espuria alianza y después por los comunistas de Stalin en su avance hacia el Berlín de Hitler en 1945.

Primero como seminarista, luego como párroco luchó de forma activa y pacífica contra los dos invasores que se llamaban fascistas entre ellos, pero tenían un denominador común: anular de raíz el concepto de Patria polaca, repartirse el territorio y deportar a millones de sus habitantes, bien hacia la Siberia soviética o a las fábricas alemanas del Rhin. Karol Wojtyla, que así se llamó nuestro héroe, era también actor aficionado de teatro y este carácter, que al principio fue una pura diversión, se convirtió 45 años más tarde, en una de las grandes virtudes que hicieron de su papado el de mayor comunicación y comprensión con las masas de toda la historia de la Iglesia, dominando la telegenia, la modulación de voz y los tiempos que en los discursos y actos oficiales que propician admiración y aplauso.

Después de recorrer más de 120 países en visitas apostólicas y de peregrino, tuvo tiempo para escribir de su puño y letra varias decenas de encíclicas y cientos de cartas pastorales, amén de varios libros de éxito mundial. Desde el primer día que llegó al papado dejó clara su pureza teológica y su infinita devoción a la Virgen, también una forma física excepcional y un gran sentido del humor que repartió entre propios y extraños. Parte de estas grandes virtudes se quebraron cuando un terrorista turco, a sueldo de los servicios secretos búlgaros, que a su vez obedecían órdenes de la KGB soviética y que en aquél momento dirigía Alexander Putin, estuvo a punto de acabar con su vida en la plaza de San Pedro. La escena en la que Juan Pablo II confiesa y perdona a su casi asesino en la cárcel de romana, dio la vuelta al mundo y consta que el Papa ya le había perdonado desde el primer día, manda nuestra religión.

Este atentado se enmarcó en el intento desesperado del comunismo soviético por evitar que un Jefe de Estado que no tiene ejército, pero sí la Palabra y la Verdad, aliado con el Presidente Norteamericano Reagan y la Primera Ministra británica Thatcher, acabasen en 18 meses con todo el comunismo europeo que en algunos casos duraba ya 75 años.

Los últimos años de pontificado fueron de gran sufrimiento físico, pues a las secuelas de la agresión se le sumaron un Parkinson muy agresivo y otras dolencias. Comunicó al mundo que no pensaba fingir ni paliar esos sufrimientos y que moriría sirviendo a la Iglesia y a Dios. Así, después de 26 años de pontificado, el tercero más largo de la historia, murió en Roma un 2 de abril de 2005. Sus exequias y entierro congregaron a varios millones de personas y a la inmensa mayoría de jefes de Estado del mundo, algunos para no perderse “la foto”, pero la mayoría reconociendo la extraordinaria labor de ese polaco terco y recto en sus convicciones y sin embargo, abierto a la modernidad actual. El próximo 1 de mayo, aún siendo sólo declarado beato, Karol Wojtyla ingresará en la Comunidad de los Santos y desde allí y aceptando que en la vida eterna se tienen y heredan algunas características terrenales, trabajará 19 horas diarias, si las hubiera, para llevarnos por el camino de la Verdad y de la Salvación del alma.

Atentamente,