default

Los jubilados: personas útiles, a pesar de la edad


Marisín Villalaz de Arias (opinion@epasa.com) / Médica

La mayoría de las personas trabajan la mayor parte de sus vidas y, mientras es la edad apropiada para ello, sentimos satisfacción porque, a la vez, tenemos la fortaleza para hacerlo sin que nada empañe nuestro empeño y amor al trabajo. Afortunadamente, en Panamá existe la edad de la jubilación a los 57 años para las mujeres y 62 para los hombres, cuando en otros países el retiro es posterior, por lo que esos ciudadanos deben trabajar aún más.

El 31 de marzo se celebró el Día Internacional del Jubilado y Pensionado, honrando a los que llevamos con dignidad ese título. Este año, por haber coincidido con el Domingo de Resurrección, pasó casi desapercibido en cualquier celebración que pudiera haberse hecho en nombre de esas personas que merecemos más atención por parte de los gobiernos y de los jóvenes que aún tienen fuerza para trabajar.

Hoy la vida es muy dura y muchos adultos mayores necesitan continuar trabajando, no por amor al prójimo, sino por necesidad pecuniaria, ya que las jubilaciones no alcanzan muchas veces para afrontar el alza del costo de la vida. Pero dichosos los que podemos llamarnos jubilados o pensionados porque Dios nos ha permitido vivir tantos años para gozar de un tiempo libre para efectuar las actividades que deseemos.

Hace muchos años, cuando una cuñada se jubiló y se retiró de su trabajo, me enseñó un día la lista de diligencias que tenía por hacer. Reí y no la comprendí totalmente porque creía que ella tendría libre todo el tiempo que quisiera. Más tarde, cuando me tocó el tiempo de la misma, tuve claro lo que significaba tener todos los días ocupados con actividades y "mandados" por hacer.

Personalmente tuve la tristeza de acogerme a la jubilación contra mi voluntad, porque acababa de salir de la posición de presidenta de la Asociación Médica Nacional, con deseos de retomar de lleno mi trabajo como médica en el Seguro Social, cuando el Dr. Félix Antonio Pittí Velázquez, entonces director médico del Complejo Metropolitano, inició la persecución contra mí por estar contra la dictadura militar. Al principio me sentí frustrada, pero más tarde levanté cabeza y continué mi vida, aunque extrañando mi Seguro Social y a mis compañeros de trabajo.

Esto sucedió un 31 de mayo, cuando trabajé el último día, y el 7 de junio inmediato el coronel Díaz Herrera hizo las famosas declaraciones contra sus jefes y amenazó con decir cómo había sido la muerte de Hugo Spadafora. Y allí estuve entre las personas que acompañaron a esa familia en su residencia y más tarde iniciamos la Cruzada Civilista en la que me vi envuelta para no finalizar sino con la invasión norteamericana.

Como ven, encontré una actividad con la que llenar mi vida y olvidar un poco mi vida profesional. Desde entonces no he tenido descanso porque todos los días tengo algo que hacer, a dónde ir o en qué ocupar mi tiempo. Y esta es la sugerencia que doy a todo jubilado: no sentarse en una mecedora a mirar por la ventana.

Gracias a Dios, nuestros gobiernos nos han dado una serie de pequeños privilegios que nos ayudan a vivir un poco

más holgadamente, como son los descuentos de que gozamos en la luz, teléfono, agua, viajes, comidas en restaurantes y otros más. Aunque pareciera que es una tontería, ayuda a redondear nuestro presupuesto enclenque, porque un buen aumento en la jubilación resulta difícil por la cantidad de jubilados y el Seguro no soportaría la cantidad de millones que representa. Si queremos o tenemos que comer fuera de casa, un 25% de descuento nos viene bien y en todo nos ayudan los otros. Lo más importante es la parte emocional de la jubilación para sentirnos útiles a pesar de la edad; para sentir que no dependemos tanto de los hijos y familiares, sino que podemos defendernos, si no solos del todo, por lo menos no somos carga para ellos.

Me alegro de que Dios me haya premiado con llegar a la edad que tengo y poder disfrutar con mis amistades y familiares de los años de jubilación ayudando a los demás y ofreciendo lo que aún podemos hacer físicamente. Cuando los jóvenes lleguen a esta edad, sabrán lo que es felicidad. ¡Que Dios nos cuide!

Edición Impresa

Viernes 14 de agosto de 2026