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Los miedos

Por: Redacción 03/05/2014

Recuerda cuando era niño o aun de adulto y fue al parque de diversiones y lo llevaron por un túnel oscuro donde había momias, fantasmas, ruidos de cadenas, animales rabiosos dispuestos a morderle. La casa de los sustos es típica en esos lugares. Y es que la idea es provocar en usted sobresalto, miedo, cierta histeria, emoción descontrolada que le permite salirse de la realidad, asustarse y luego calmarse, cuando su mente le dice que es mentira, que ya acabó todo. Sale usted de allí, se toma un refresco, se sube a la montaña rusa y a experimentar otro susto. Estos miedos provocados por el hombre para brindarle emociones son un pálido reflejo de lo que hace usted personalmente en su vida: crearse miedos.

Sí, crearse una casa de los sustos permanente en la mente o una montaña rusa de emociones dañinas ha sido ocupación del hombre desde siempre. La invención de historias de muertos que aparecen; la creación de dioses que castigan a cualquiera y cuando menos lo piensan; el agrandar al máximo los enemigos (verlos como monstruos) o el pintar excesivamente dañinos a los que no son de nuestra raza o nación o religión o creencia política; esto ha sido cuestión de siempre. Todavía en el siglo XV existía la creencia “muy fundada” de que el mundo era plano y que si Colón o algún otro osado querían avanzar “más allá”, se hundirían en un abismo sin fondo y además se lo comerían unos feroces monstruos mitológicos.

Nos ha encantado vivir sobresaltados, mirar con desconfianza a los demás, levantarnos temerosos por la mañana, imaginarnos las peores enfermedades, asegurar que porque las cosas van muy bien ahora, esto es el presagio de que mañana estarán mal. Y ahora modernamente con la aparición de los medios de comunicación social, los accidentes y desastres naturales ocurridos a miles de kilómetros nos anuncian que “ya pronto” llegarán a nuestro país.

ESTOS MIEDOS PROVOCADOS POR EL HOMBRE PARA BRINDARLE EMOCIONES SON UN PÁLIDO REFLEJO DE LO QUE HACE USTED PERSONALMENTE EN SU VIDA: CREARSE MIEDOS.

Nos encanta intoxicarnos con el miedo, masticarlo y rumiarlo al máximo; envenenarnos lentamente para “así pasar el tiempo” y no hacer tan tediosa, tan aburrida la vida. Porque en el fondo, el papel de los miedos es el de ocuparnos en algo; emocionarnos aunque sea produciéndonos una úlcera. El éxito de las películas de miedo: vampiros, hombres lobo, violencia, es el de brindarnos unas emociones baratas que rompan lo “aburrido” que se hace la vida. No producir emociones sanas, no tener en la vida aspiraciones, no meternos en la lucha por la superación, no tener auténticos obstáculos para alcanzar lo que queremos (porque no sabemos lo que queremos), nos hace ir al laboratorio del miedo y beber tragos dañinos de tensión.

Si experimentáramos el amor en plenitud dando nuestra vida por los demás.

NOS ENCANTA INTOXICARNOS CON EL MIEDO, MASTICARLO Y RUMIARLO AL MÁXIMO; ENVENENARNOS LENTAMENTE PARA “ASÍ PASAR EL TIEMPO” Y NO HACER TAN TEDIOSA, TAN ABURRIDA LA VIDA. PORQUE EN EL FONDO EL PAPEL DE LOS MIEDOS ES EL DE OCUPARNOS EN ALGO; EMOCIONARNOS AUNQUE SEA PRODUCIÉNDONOS UNA ÚLCERA.

Si inhaláramos el aire sano de los ideales y nos pusiéramos en serio a construir un mundo mejor. Si entabláramos relaciones cordiales, cálidas con los demás y entráramos en un diálogo profundo con el Señor, abandonaríamos nuestros miedos. Si viéramos positivamente la vida, las personas y descubriéramos que la gente es más buena de lo que creemos. Si entendiéramos, de una vez por todas, que las diferencias que nos hemos creado los seres humanos no son nada en relación con lo que nos une a la humanidad. Si dejáramos atrás la superstición— mentalidad primitiva y absurda— y dejáramos a los muertos descansar en paz. Si realizáramos que Dios jamás ha creado hombres vampiro ni hombres lobo. Si viéramos la vida más positivamente, desaparecerían muchos de nuestros miedos. Si supiéramos que nuestra vida reposa en las manos benditas de Dios, dejaríamos de preocuparnos demasiado por el mañana o por la muerte. Si nos acercáramos más al Señor, venceríamos nuestros miedos, porque ¡con Él, somos invencibles!

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Viernes 7 de agosto de 2026