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Los miserables


Leía como los ingresos del Canal de Panamá han triplicado en 10 años lo que se aportó en total antes de 1999.

Un país que de repente tiene esos ingresos debería rápidamente reflejarlos. Nos han hecho creer que la pujante infraestructura privada y los números macroeconómicos del país lo son.

Antes de ese año Panamá era un país con pobreza y extrema pobreza. Hoy las sigue teniendo y la disminución en los índices respectivos, es apenas lo suficientemente significativa como para tener esperanzas que quizás con mucho esfuerzo podamos cumplir con las metas del milenio propuestas por las Naciones Unidas.

Me parece que esto es insuficiente. Nuestros gobiernos han estado recibiendo en la última década un importante, no, un enorme ingreso producto de los excedentes de la operación del Canal de Panamá. Su posible uso para combatir la pobreza se ha encontrado con la creación de un aparato burocrático de al menos nueve agencias entre Ministerios, Autoridades, Secretarías y otras direcciones cuyo único fin es regalar dinero de todos los panameños entre quienes ellos creen que les debemos sentir lastima.

¿Y que pasó con la dignidad de la persona? Hay que trabajar para canalizar dinero y esfuerzos para sacar a los que menos tienen y más necesitan de esa situación. Siempre existirán pobres, pero Panamá puede tener pobres más parecidos a los de Portugal que a los de Haití, como lo es en este momento.

Cuando tengamos un verdadero liderazgo dirigiendo el país, la única opción viable que tiene para combatir estos extremos de pobreza que vivimos, es eliminando las entidades que regalan el dinero del gobierno y por ahí mismo dejar de regalarlo.

Un país que paga 35 balboas a sus pobres por no hacer nada, a sus viejitos que nunca cotizaron seguridad social 100 para que los gasten en los casinos y los entreguen a las financieras o se financie la vagancia escolar a través de becas que no les costo ningún esfuerzo en conseguir, evidentemente no ha contado con una visión y liderazgo claro de su potencial.

Creo que es mejor convertir esas trochas que aún nos recuerdan los inicios de la república en verdaderas carreteras, llevar a las comunidades centros de salud para que nuestros campesinos e indígenas no tengan que esperar un helicóptero para ver si les salvan la vida. Que existan fondos reservados a todos esos panameños que mueren lentamente en cuartos o chozas porque sufren alguna enfermedad grave, que la educación promueva la investigación y el esfuerzo y la misma sea premiado.

Eso es todo lo que necesita un Presidente para que en 80 años sea recordado como un verdadero estadista, cuyas acciones de gobierno orientó pensando que los pobres no eran unos miserables.

*Director Ejecutivo de Fundación Instituto Panameño de Estudios Cívicos.