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Los muertos (y los mensajes)


Los maleantes –asesinos a sueldo, para ser más claros- se han tomado últimamente la costumbre de desparramar sus cadáveres por los corredores (Sur y Norte).

Casi cada noche, según reportan desde la Policía Nacional, aparece una víctima en el Corredor Sur o, en caso de que los asesinos vivan del otro lado de la ciudad, en el Corredor Norte.

El mensaje parece claro: lanzar un muerto en las principales vías de la ciudad asegura cierta cobertura periodística, que termina con el nombre, apellido y características del asesinado en las primeras planas de los diarios o en el noticiero de la tarde. Así, los sicarios logran mandar el mensaje por los medios a terceros.

Si no, de qué otra forma se entiende que los asesinos elijan tirar los cadáveres en un lugar en que, casi seguro, terminará siendo encontrado por un conductor atento.

Pareciera que ya no basta con matar: el valor agregado ahora es poder “mostrar” a la desafortunada víctima en los medios de comunicación.

Una especie de muerte con luces altas.

En México los carteles de las drogas han popularizado una macabra práctica: a sus muertos les cuelgan mensajes para sus rivales, o para la Policía. Y, en ese contexto, la víctima pasa a ser un número y el mensaje lo principal. O sea: primero lo que se quiere trasmitir, luego la forma (o el muerto, en este caso).

El último caso en Panamá se dio el viernes pasado: dos hombres fueron arrojados de una camioneta justamente en el Corredor Sur, a la altura de Don Bosco. Hay cientos de lugares en que los sicarios pueden arrojar sus “trabajos” sin que nadie, por un buen tiempo, encuentre a los desafortunados.

Pero no es este el caso, ni el caso de muchos otros. Hoy, no solo se mata a sangre fría, sino que además se dejan recados.

Mensajes que, en general, vienen acompañados con varios tiros en la cabeza.